Ecos de sangre, cuando el buen teatro no es suficiente
La pieza reivindica los valores, la imponente estética y la cosmovisión de la cultura taína, pero requiere que las presentes generaciones, por la vía de la escuela, reconozcan el legado
SANTO DOMINGO. El teatro vuelve a hacer de las suyas y, además de ofrecer una de las grandes entregas escénicas de los últimos años, plantea el develar un mundo que requiere reconocimiento, respeto y admiración social: el taíno.
La representación de un documentado texto dramático y etnográfico de Giovanni Cruz Durán, que ha sido objeto de atención de investigadores internacionales, como Ecos de sangre, plantea, además de su positivo impacto estético desde las tablas, el qué hacer para que la herencia taína sea asimilada por las presentes generaciones. Y eso demanda mucho más que el recuerdo del montaje. Demanda un programa destinado a las escuelas y los espacios sociales.
No han pasado tres semanas desde el estreno en esta sala de la obra que nos generó admiración y respeto, tanto por el despliegue de sus recursos técnicos, su vestuario y la interpretación extraordinaria de Nileny Dippton, cuando acudimos a ver Ecos de sangre.
Un montaje en Sala Ravelo con cuatro personajes: Yorlla Castillo (Xucaba), Miguel Lendor (Guaguyona), Orestes Amador (Ananorex) y Nileny Dippton (Iguanamá). La escenografía reproduce físicamente dos espacios de vida de época con material similar a escala humana y otro digital, con una efectiva y gran pantalla de fondo que facilita impresionantes escenas.
La dirección de Cruz apuesta por una atmósfera cargada de tensión y simbolismo. La escenografía es minimalista pero cargada de significado espiritual, enfocándose en la cosmovisión taína del este de la isla, en una pieza que, a diferencia de otras obras, explora conflictos humanos universales (poder, rivalidad, envidia) a través de personajes míticos como Iguanamá y Ananorex.

Los cuatro talentos aceptaron el desafío de representar personajes de la historia real aborigen; desarrollan una intrincada red de enfrentamientos por el poder y se expresan con términos propios del lenguaje taíno:
- Areytos: Ceremonias integrales de canto y danza que funcionaban como la principal expresión cultural, histórica y religiosa del pueblo taíno.
- Manaya (hacha).
- Baira (arco).
- Xímaras (flechas).
- Bohique o Behique: Chamán.
- Güey (sol).
- Nonún (luna).
- Bajacú (luz del amanecer).
- Términos de alta carga poética: Subabaya el yah (pájaro que canta en la mañana).
Resalta el vestuario, que resulta estilizado pero referente del atuendo de los grupos originarios, el dominio del movimiento escénico, la interpretación oral de los textos del autor y la fuerza de la química (incluyendo la adversativa), logrando arcos de notable intensidad dramática.
Cuando una obra de teatro nos conduce directo al universo taíno que no hemos reconocido como nuestro, cuando nos devela sus valores, nos refiere sus vocablos, nos expone los crudos dramas de sus luchas por el poder y nos inspira con el valor de su ejemplo, entonces no estamos ante una creación escénica inscrita en el listado de lo previsible.
El motivo taíno como expresión cultural, como signo de una civilización primigenia que recién ahora se está revalorando, encuentra en Ecos de sangre —y en el anterior montaje basado en el texto de Cristian Martínez, Anakaona: alba y ocaso, onírico mensaje de matiz cinematográfico que vimos en esta misma Sala José de Jesús Ravelo del Teatro Nacional— la prueba de que algo está aconteciendo teatralmente sobre el eje de la corriente étnica aborigen.
Uno de sus principales aciertos como pieza teatral es lograr una representación dramática de alto nivel, que evita tanto el facilismo de la oposición a la conquista española como los estereotipos con que se suele representar a la comunidad taína. Se siente, desde el público, vivir una atmósfera vital, vívida, auténtica y a ratos explosiva.
El teatro basado en la realidad taína debe dejar de ser la excepción. Pocos y fundamentales son los autores que, a cada tanto de tiempo, han enfocado esta realidad, lo que no deja de constituir un lamentable descuido de la producción literaria, pero se deben destacar los siguientes títulos:
- Fantasías Indígenas, de José Joaquín Pérez: Un poemario esencial que recrea leyendas y paisajes habitados por los taínos, igualmente adaptable para teatro por parte de colectivos escénicos escolares y universitarios.
Hay cuatro grandes novelas de la temática:
- Enriquillo, de Manuel de Jesús Galván (1879): La obra cumbre del indigenismo dominicano. Narra la rebelión del cacique Enriquillo en la Sierra de Bahoruco contra los españoles.
- La reina de Iguayagua, de Francisco Gregorio Billini (1868): Es una de las primeras novelas en abordar la temática indígena y el choque cultural tras la llegada de Colón.
- Bajo el sol de la isla, de Manuel Amiama (1948): Que, aun cuando toca otros temas, incluye reflexiones y pasajes sobre el origen y la presencia mística del pasado aborigen.
Del escenario a las escuelas
Se registran ahora como nunca antes condiciones para validar el legado taíno, reivindicado por estas obras teatrales recientes.
La primera de esas circunstancias es la apertura, desde diciembre de 2024, del Centro Cultural Taíno del Banco Popular, que exhibe una colección de 250 piezas taínas de la colección García Arévalo y que, instalado en la histórica Casa del Cordón, desarrolla un constante programa de actividades de divulgación conectadas con esta realidad.
La segunda es la actitud y el trabajo de talentos profesionales que incluyen directores teatrales (Fausto Rojas), actrices y actores (Nileny Dippton, Yorlla Castillo, Orestes Amador, Miguel Lendor y muchos otros que podrían ser convocados), dramaturgos (Giovanni Cruz) y compañías de teatro como Talassa. Giovanni Cruz Durán fue recientemente objeto de uno de los más significativos reconocimientos: la dedicatoria de la V Temporada Teatral Banreservas.
Ecos de sangre es una pieza teatral que debe ser asumida como obra docente y destinada a su representación en escuelas, colegios y universidades, con base en un itinerario planificado para cubrir ese público estudiantil con su carga de novedad artística, formativa y mística, además de llevarla al formato audiovisual para facilitar su proyección a los públicos que deben verla.
El tema taíno en el teatro dominicano sí ha sido abordado, pero —y esto es importante decirlo desde el inicio— no existe un repertorio amplio, sistemático y bien documentado de montajes escénicos contemporáneos centrados en lo taíno. La presencia del imaginario indígena ha sido discontinua, simbólica o episódica, más fuerte en el siglo XIX (indigenismo romántico) y reapareciendo en proyectos puntuales recientes.
FICHA TÉCNICA

- Elenco: Iguanamá (Nileny Dippton), Xucaba (Yorlla Castillo), Guaguyona (Miguel Lendor), Ananorex (Orestes Amador).
- Autor, director y productor: Giovanny Cruz Durán.
- Producción general: Nileny Dippton.
- Asistente de producción: Nolandia Estévez (asistente de Cristian Martínez).
- Asistente de dirección y composición musical: José Ismael Valdez.
- Diseñadora de iluminación: Lillyanna Díaz.
- Proyecciones: Bill Gil.
- Diseñadora de vestuario: Renata Cruz Carretero.
- Efectos visuales especiales: Nivangio Zurc.
- Realización de escenografía: Carlos Ortega.
- Diseño gráfico: Claudia Lizardo.
- Relaciones públicas: Johan Bueno.
- Medios digitales: Felipe Blonda.
- Fotografía: Luciano Ippolito.
- Colaboración con elementos taínos: Indio Disla.
- Agradecimientos: Brea Frank, Ovandy Camilo, Santiago Matías.






