El otro Mundial (Opinión invitada)

Hoy la Copa del Mundo ya no vende únicamente fútbol. Vende emociones, historias, experiencias y, sobre todo, atención. la moneda más valiosa del siglo XXI. Pocos eventos logran capturarla como una Copa del Mundo.

Daniel Jiménez, periodista

SANTO DOMINGO. Cuando pensamos en una Copa del Mundo, pensamos en goles, atajadas, sorpresas y en el equipo que termina levantando el trofeo. Pero existe otro Mundial. Uno que no se juega sobre el césped, sino en oficinas, salas de juntas y departamentos de mercadeo, donde participan patrocinadores, cadenas de televisión, aerolíneas, hoteles, plataformas digitales, marcas deportivas y gigantes tecnológicos. Ese torneo mueve tanto dinero como emociones.

El Mundial de 2026 es, quizás, el mejor ejemplo. Mucho antes del pitazo inicial, la FIFA ya había vendido la totalidad de sus paquetes globales de patrocinio, convirtiendo esta edición en el evento deportivo independiente con mayores ingresos comerciales por patrocinio de la historia. Para muchas empresas, el Mundial comienza mucho antes de que ruede el balón.

Hoy la Copa del Mundo ya no vende únicamente fútbol. Vende emociones, historias, experiencias y, sobre todo, atención. En el mundo del mercadeo existe una idea ampliamente aceptada: la atención es la moneda más valiosa del siglo XXI. Pocos eventos logran capturarla como una Copa del Mundo.

Daniel Jiménez Donastorg. Periodista profesional.

Durante un mes, miles de millones de personas, sin importar su idioma, religión o cultura, detienen su rutina para mirar el mismo espectáculo. Cuando el mundo entero dirige su mirada hacia un mismo lugar, todo adquiere valor: un comercial de treinta segundos, una camiseta, un balón oficial, un palco corporativo o una experiencia VIP. El verdadero producto es la capacidad de reunir a miles de millones de personas frente a una misma pantalla.

La expansión del torneo de 32 a 48 selecciones también responde a esa lógica. No significa únicamente más equipos; significa más partidos, más transmisiones, más contenido para plataformas digitales, más patrocinadores y, naturalmente, mayores ingresos. Solo por concepto de derechos audiovisuales, la FIFA proyectó ingresos cercanos a los 3,925 millones de dólares durante este ciclo mundialista.

Pero el negocio no termina cuando concluye el partido.

El turismo también entra al marcador. Hoteles, restaurantes, aerolíneas, comercios, transporte y plataformas de hospedaje encuentran en el Mundial una oportunidad extraordinaria para crecer. Algunas proyecciones estiman un impacto económico superior a los 40 mil millones de dólares para la economía mundial.

Incluso el balón oficial deja de ser únicamente un implemento deportivo para convertirse en una herramienta de mercadeo.

El logotipo del torneo vale millones y la exclusividad publicitaria tiene un precio. Cada patrocinador busca algo más valioso que aparecer junto al trofeo: quedarse con un espacio en la memoria de miles de millones de personas.

Y esa capacidad de convocatoria también quedó demostrada en República Dominicana.

Históricamente hemos sido un país identificado con el béisbol. Sin embargo, los números del Mundial 2026 confirman el enorme crecimiento del fútbol entre los dominicanos.

Las transmisiones de CDN Canal 37 alcanzaron 35,475,933 personas únicas, mientras que CDN Deportes registró 27,060,116, para un total de 62,536,049 personas únicas expuestas a la cobertura del torneo. A esto se suman 4.6 millones de visualizaciones en PioDeportes.com y más de 2.5 millones de personas conectadas a las transmisiones digitales en vivo.

Confieso que esos números me sorprendieron. No porque dude del crecimiento del fútbol, sino porque reflejan hasta qué punto ha cambiado el panorama deportivo dominicano.

También me sorprendió la manera en que el país se volcó hacia este Mundial trascendental que, según expertos en la materia, ha sido el mejor en la historia del torneo.

Hace apenas quince años habría sido difícil imaginar un seguimiento semejante en un país donde el béisbol monopolizaba la conversación deportiva.

Hoy esa realidad ha cambiado. El fútbol ya no lucha por hacerse un espacio; ya lo consiguió. Y eso representa una extraordinaria oportunidad para medios de comunicación, patrocinadores, anunciantes y empresas que han entendido hacia dónde se mueve la atención del público.

Ese es el otro Mundial. El que rara vez aparece en las portadas deportivas. El que se juega en oficinas, agencias de publicidad y departamentos de mercadeo, donde una decisión puede representar millones de dólares.

Quizás ahí radique el mayor éxito de la FIFA. No vende únicamente noventa minutos de fútbol. Ha construido una de las marcas más poderosas del planeta, capaz de emocionar a miles de millones de personas utilizando prácticamente los mismos elementos: un balón, un trofeo, un himno, unas camisetas y las historias que nacen alrededor de ellos. Eso es branding en su máxima expresión.

Y, sin embargo, al final todo vuelve a la cancha. Porque, por más gigantesco que sea el negocio, sigue siendo el fútbol el que alimenta toda esa industria.

Quizás por eso uno de los momentos más simbólicos de este Mundial fue el enfrentamiento entre España y Argentina. Más allá del resultado, el partido representó el relevo entre generaciones.

Lionel Messi, posiblemente viviendo los últimos capítulos de una carrera que transformó para siempre la historia del fútbol.

Lamine Yamal, un joven que confirmó pertenecer a la élite y que parece destinado a liderar la próxima gran generación de futbolistas.

Mientras millones recuerdan los goles, las atajadas y los campeones, otro partido continúa jugándose fuera del terreno de juego. Uno donde el marcador se mide en audiencias, innovación, estrategias de mercadeo, patrocinios, contratos y miles de millones de dólares.

Porque, al final, la Copa del Mundo no solo organiza el torneo de fútbol más importante del planeta. Ha logrado convertirse en una de las marcas más poderosas, rentables e influyentes del mundo.

Ese también es el Mundial.

Y, aunque casi nunca lo vemos, probablemente sea el que más mueve al planeta.

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