Si vio La Odisea de Ulises ¿por qué no leer La República, de Platón, en su nueva edición dominicana gratis?

Es una joya indescubierta. Platón piensa individuo, los tipos de gobierno, la corrupción del Estado, el poder, la filosofía, el conocimiento, la naturaleza humana. Guillermo Molina Mueses ha trabajado una edición de la obra clásica, con una versión online de acceso libre

Santo Domingo. La Odisea —historia mítica y narración de épica aventura— tiene un impacto brutal en la taquilla mundial, sumando millones de espectadores, pero es el momento adecuado para preguntarnos si hemos leído La RepúblicaLa Odisea se escribió hacia el año 700 a. C.; La República es posterior, de alrededor del 380 a. C. Entre una y otra median unos 320 años.

La organización internacional Open Syllabus Project, en su Registro de lectura de textos académicos universitarios a nivel global, revela que la lectoría de La República se puede proyectar en entre menos del 0.1 % al 0.5 %, lo que equivale aproximadamente a entre 8 y 40 millones de personas en todo el mundo.

La Odisea y La República representan momentos distintos de la civilización griega. La Odisea pertenece al mundo épico y heroico; La República, al mundo filosófico y político de la Atenas clásica. Ninguna es superior a la otra: son clásicos distintos. Sin embargo, La República no cuenta con un Christopher Nolan, ni con una campaña de mercadeo mundial que la lleve al cine.

Portada de la edición dominicana de La República,

La Odisea habla de aventuras, de fidelidad familiar, de fantasía epopéyica y de una dimensión de valores, personajes y monstruos, lo cual está muy bien; pero La República diserta sobre democracia, liderazgo, educación, ética, corrupción, poder y responsabilidad individual.

La República no es el primer texto que clasifica o analiza los regímenes de gobierno, aunque sí es el primer tratado sistemático y filosófico de gran envergadura que los teoriza en profundidad dentro de la tradición occidental.

Antes de su aparición, de acuerdo con la Enciclopedia Británica, ya existían precedentes como el Debate de los Siete (incluido en las Historias de Heródoto, ~440 a. C.), que define, compara y contrasta formalmente los tres modelos clásicos: monarquía, oligarquía y democracia (llamada entonces isonomía); los códigos normativos de Mesopotamia (el Código de Urukagina, ~2350 a. C., y el Código de Hammurabi, ~1750 a. C.) y los textos de la India antigua (como el Arthashastra de Kautilya y las tradiciones védicas).

El verdadero aporte de Platón no es haber inventado las categorías de gobierno, sino haber sido el primero en estructurar una teoría de la corrupción política y la psicología del poder.

Este pensador no solo clasificó los regímenes (aristocracia, timocracia, oligarquía, democracia y tiranía), sino que propuso un modelo evolutivo y degenerativo: explicó cómo la degradación moral del individuo transforma inevitablemente las instituciones de una sociedad.

Posteriormente, su discípulo Aristóteles, en la Política, sistematizaría este análisis de forma aún más empírica, estudiando 158 constituciones reales de las polis griegas para fijar la tipología clásica basada en el número de gobernantes y el interés (público o privado) con el que ejercen el poder. ¿Nota cómo el pensamiento clásico fundamental traza las normas de la vida social (corrupta o no) que se vive hoy? Por eso es que hay que leer hoy La República.

El título griego es Πολιτεία (Politeía), que se traduce con más precisión como “constitución”, “régimen político” o “vida de la ciudad” que simplemente como “república”. La obra adopta la forma de un diálogo protagonizado por Sócrates, mediante el cual Platón examina una pregunta aparentemente simple: ¿qué es la justicia y por qué debemos ser justos?

Escena creada por Guillermo Molina Mueses mediante mandato al sistema digital GREB.

A partir de esa interrogante —las preguntas eran la forma de enseñar de Sócrates, quien no escribió una sola línea en toda su vida—, Platón construye una reflexión monumental sobre el individuo, la educación, el Estado, el poder, la filosofía, el conocimiento, el arte y la naturaleza humana. Su valor formativo es inmenso, y ahí radica su trascendencia: no se limita a decir cuál es el mejor gobierno, sino que analiza cómo se deterioran los sistemas políticos. La secuencia que describe la obra es: aristocracia → timocracia → oligarquía → democracia → tiranía. Pero ¡ojo!: esos términos no significan hoy lo que significaban para él.

Contraportada con el código QR que permite ver la versión en línea de la obra.
  • Aristocracia: El gobierno de los mejores, entendiendo por “mejores” no a los más ricos ni a los de determinada familia, sino a quienes poseen sabiduría, educación y virtud. Su ideal es el gobierno del filósofo; es decir, de quien conoce el bien y no usa el poder para enriquecerse o satisfacer su ego. No es el sentido que damos hoy a la palabra: Platón pensaba en la sociedad ateniense.
  • Timocracia: El gobierno dominado por el honor, la ambición y el espíritu competitivo. El gobernante empieza a valorar más el prestigio y la gloria que la sabiduría.
  • Oligarquía: Aquel régimen en el que el poder se concentra en quienes poseen riqueza. Aquí Platón hace una advertencia sorprendentemente moderna: cuando la riqueza determina quién gobierna, la sociedad se divide entre ricos y pobres, y la comunidad política pierde cohesión.
  • Democracia: El gobierno del pueblo. Advierte un peligro: que la libertad derive en libertinaje, en ausencia de disciplina y en rechazo de toda autoridad legítima. Conviene recordar que se refería a la democracia ateniense, no a las democracias constitucionales representativas contemporáneas.
  • Tiranía: El régimen en el que el gobernante que prometió responder a las necesidades del pueblo termina convertido en un déspota que concentra todo el poder. Un sistema político se corrompe, advierte, cuando las virtudes que deberían sostenerlo son sustituidas por deseos, intereses y ambiciones.

El Estado comienza en el individuo

Una de las conclusiones más interesantes para una lectura contemporánea es el paralelismo que establece entre la ciudad y el ser humano. El individuo, sostiene Platón, tiene tres dimensiones fundamentales: razón, ánimo o voluntad, y deseo o apetito. La persona justa es aquella en la que la razón gobierna, la voluntad la sostiene y los deseos permanecen ordenados.

De ahí surge una enseñanza extraordinariamente actual: quien no sabe autogobernarse difícilmente gobernará a otros. Eso permite leer La República no solo como un libro de teoría política, sino como un manual filosófico sobre el carácter.

Los valores personales que transmite pueden resumirse en diez: justicia, autodominio, sabiduría, prudencia, valentía, educación, responsabilidad, moderación, búsqueda de la verdad y servicio público.

La República debe leerse, entonces, no por su antigüedad, sino por la vigencia de sus planteamientos, que siguen interpelando a quienes ejercen el poder. Tiene muchas otras enseñanzas —entre ellas la alegoría de la caverna—,.

Por todo ello es importante leerla.

Guillermo Molina Mueses.

Resulta una afortunada coincidencia que acabe de producirse en el país una edición dominicana única, con ilustraciones animadas y traducción directa del griego original, a cargo de Guillermo Molina Mueses, arquitecto y animador digital, responsable del proyecto GREB y del portal https://www.elimpresodigital.com/#portada.

De esta edición se sabe que se pondrán a la venta unos ejemplares en la XXVIII del Libro, firmados por su editor Molina Mueses.

La República, de Platón, ha sido puesta gratis en: https://docs.greb.app/platon/republica y de ese proyecto se ha trabajado una edición impresa, disponible por encargo personal de los interesados.

 

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