La inclusión pendiente: empresas sin preparación frente a una ley que exige acción

Lic. Francisco Daniel Jiménez Donastorg

 

En la República Dominicana existe una ley que, sobre el papel, representa un avance significativo hacia la igualdad: la Ley 5-13 sobre Discapacidad.

En ella se establece que tanto las instituciones públicas como privadas deben integrar personas con discapacidad en sus plantillas laborales, con cuotas que van desde un 2 % hasta un 5 %, según corresponda al sector. No se trata de una recomendación; es una obligación legal.

Jochy es uno de los talentos de la comunicación y el espectáculo que mayor adherencia ha mostrado frente a la causa de la inclusión laboral y social.

Pero la realidad, una vez más, cuenta otra historia.

Más allá del incumplimiento evidente, el problema de fondo no es únicamente la falta de voluntad. Es, sobre todo, la profunda falta de preparación de las empresas para asumir lo que esta ley exige.

Empresas que no saben cómo incluir

La gran mayoría de las empresas en el país no están listas para incluir, porque nunca se han preparado para hacerlo. Y esto va mucho más allá de colocar una rampa en la entrada.

No existe, en muchos casos, una comprensión real de lo que implica la inclusión laboral. Se confunde contratar con integrar, y cumplir con acompañar. Y ahí comienza el problema.

Las empresas no cuentan con protocolos claros de inclusión. No tienen manuales, ni políticas internas, ni equipos capacitados para gestionar la diversidad funcional dentro de sus estructuras. No saben cómo adaptar puestos de trabajo, cómo evaluar el desempeño desde una perspectiva inclusiva, ni cómo generar entornos accesibles para todos.

En otras palabras: no es que no quieran cumplir la ley, es que no saben cómo hacerlo… y tampoco han hecho el esfuerzo por aprender.

Cuando la oportunidad existe, el impacto es real

Gracias a iniciativas como las de la Fundación Yo También Puedo, durante el verano de 2023 tuve la oportunidad de vivir una experiencia maravillosamente única como parte de un grupo de pasantes en Claro Dominicana (antes Codetel).

El apoyo familiar tiene que completarse con una inclusión social, laboral y profesional de esta población de condiciones especiales y que tiene tanto que aportar si se crean las condiciones para esa meta.

Fue mucho más que una pasantía.

En mi caso, esa experiencia me marcó. No solo por el trato humano recibido, sino por las vivencias dentro de la empresa, por sentirme parte, por demostrar —y demostrarme— que sí se puede. Que el talento no está limitado por una condición, sino por las oportunidades que se brindan.

Al día de hoy, más de dos años después, sigo teniendo contacto con algunos de mis excompañeros. Eso dice mucho. Dice que hubo conexión real, integración auténtica, y un entorno donde, por un momento, la inclusión no fue discurso, sino práctica.

Pero también me dejó una pregunta que aún no tiene respuesta:

¿Qué hubiera pasado si al final me hubieran dado la oportunidad de quedarme de manera fija?

Esa «espinita» no es solo personal. Es el reflejo de una realidad más amplia: muchas veces se abren puertas de manera temporal, pero no se constuyen caminos permanentes.

Infraestructuras que excluyen desde la puerta

Uno de los reflejos más evidentes de la falta de preparación empresarial es el entorno físico. Muchas empresas operan en espacios que no son accesibles: escaleras sin alternativas, puertas estrechas, baños no adaptados, estaciones de trabajo rígidas.

Esto no solo limita, excluye automáticamente.

¿Cómo puede una empresa hablar de inclusión si su espacio físico ya está diciendo «aquí no cabes»?

El talento existe, lo que falta es capacidad institucional

En República Dominicana hay personas con discapacidad altamente capacitadas, con formación, habilidades y disposición para trabajar. El problema no es la falta de talento. El problema es que las empresas no han desarrollado la capacidad institucional para integrarlo.

Falta formación en recursos humanos, falta sensibilización en los equipos, falta liderazgo comprometido. Y mientras eso no exista, la inclusión seguirá siendo un discurso bonito, pero vacío.

El miedo a lo desconocido

Parte de esta falta de preparación también nace del desconocimiento. Muchas empresas temen «equivocarse», no saber cómo manejar una situación, o incluso enfrentarse a costos que asumen serán elevados.

Pero la realidad es que la mayoría de los ajustes razonables no son costosos. Lo que sí requiere inversión es el cambio de mentalidad.

Y eso, muchas empresas aún no están dispuestas a hacerlo.

Una ley que exige más que cumplimiento: exige transformación

La Ley 5-13 no solo plantea una cuota. Plantea un cambio estructural en la forma en que concebimos el trabajo, la productividad y la dignidad humana.

Pero ese cambio no puede darse si las empresas siguen operando con modelos tradicionales, excluyentes y desactualizados.

Cumplir la ley no es contratar por cumplir. Es prepararse, transformarse y asumir la inclusión como parte de la identidad empresarial.

¿Y ahora qué?

La inclusión laboral en la República Dominicana no va a avanzar únicamente con leyes bien redactadas. Avanzará cuando las empresas decidan prepararse de verdad.

Cuando inviertan en accesibilidad.

Cuando capaciten a su personal.

Cuando entiendan que incluir no es un gasto, sino una evolución necesaria.

Hasta entonces, la ley seguirá existiendo… pero la inclusión seguirá esperando.

Y también seguirán existiendo historias como esta: experiencias que demuestran que sí es posible… pero que aún no se convierten en regla.

 

 

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