El culto al Divino Niño (crítica de libros)

El culto al Divino Niño, de fray Aridio Castro Tejada, O. P. Edición al cuidado de Opus (Piero Espinal Estévez). Impresión: Editorial Búho. Extensión: 92 páginas. Formato: media carta. Material interior: papel cáscara de huevo, blanco y negro. Portada: cartón mate, full color. Tirada: 500 ejemplares, más unidades de reposición. ISBN: 879-9945-516-08-1

La sorpresa que genera esta publicación, escrita por un fraile dominico y presentada en una impecable edición, consiste en que, además de exponer la rica tradición devocional en torno a la figura infantil de Jesús, el Divino Niño, integra la devoción católica a una perspectiva social contemporánea, con un lenguaje sencillo y accesible. Sin embargo, el libro va mucho más allá de lo que su título podría sugerir.

El lector podría esperar un devocionario eclesiástico de enfoque estrictamente religioso, centrado en la veneración de la imagen del Divino Niño. Castro Tejada, sin abandonar la dimensión espiritual de esta devoción, establece un vínculo entre la tradición histórica y religiosa y el compromiso con la infancia vulnerable, al referirse a niños reales que sufren las consecuencias de las guerras, el hambre, las enfermedades y los desplazamientos forzados en diferentes países.

El culto al Divino Niño propone una lectura de la fe que combina la veneración religiosa con la responsabilidad social. Su mensaje central invita a que la contemplación de Jesús niño no permanezca encerrada en el espacio del templo o en la intimidad de la oración, sino que se proyecte hacia la infancia real, tantas veces amenazada por la guerra, la pobreza y la indiferencia.

Esta conexión entre la figura sagrada de Jesús durante su infancia y la situación de millones de niños en el mundo constituye uno de los aportes más significativos de la obra. La devoción deja de ser una expresión exclusivamente ritual para convertirse también en una invitación a mirar la realidad, reconocer el sufrimiento infantil y asumir una responsabilidad humana y cristiana ante él.

El autor se refiere, por ejemplo, a la dramática situación de la infancia en Sudán, nación donde la guerra civil entre fuerzas militares rivales ha provocado un colapso humanitario. Los niños padecen las consecuencias de la violencia, el hambre, las enfermedades prevenibles y los desplazamientos masivos de población.

En la página 87, el libro llama la atención sobre este drama, que revela hasta qué punto la infancia puede quedar expuesta a circunstancias que destruyen sus posibilidades de desarrollo, seguridad y bienestar.

Gaza también ocupa un lugar en esta reflexión. El autor expone cómo cada escalada bélica se traduce en la muerte de cientos de menores, muchos de ellos sin acceso a refugios, medicamentos ni agua potable. Las imágenes de niños atrapados bajo los escombros, víctimas de los bombardeos o afectados emocionalmente de manera permanente, cuestionan cualquier intento de justificación política o militar de semejante tragedia.

La referencia a Ucrania amplía este panorama. Castro Tejada señala que miles de niños han sido separados de sus familias, desplazados, heridos o expuestos a situaciones de extrema vulnerabilidad como consecuencia de la guerra. Las escuelas, los edificios residenciales y los hospitales también han sufrido los efectos de los ataques, mientras la infancia transcurre entre sirenas de alarma y refugios subterráneos (pág. 87).

La reflexión del sacerdote alcanza una dimensión ética y humanista cuando afirma:

«En todos estos casos, la infancia deja de ser un horizonte de futuro y se convierte en campo de batalla. El sufrimiento infantil no es un fenómeno marginal ni excepcional; ha acompañado a la humanidad como una sombra persistente» (pág. 85).

Este planteamiento desplaza el libro desde el territorio de la devoción religiosa hacia el de la conciencia social. El Divino Niño no aparece únicamente como objeto de veneración, sino también como símbolo que invita a reconocer la dignidad de los niños de hoy, especialmente de aquellos cuya infancia ha sido interrumpida por la violencia y la exclusión.

La propuesta resulta relevante porque establece una correspondencia entre el significado espiritual de la infancia de Jesús y la responsabilidad de proteger a los menores en el mundo contemporáneo. La fe, entendida desde esta perspectiva, no se agota en la oración ni en la contemplación de una imagen: exige sensibilidad ante el dolor ajeno y disposición para actuar en favor de quienes necesitan protección.

La mística del Divino Niño

La devoción al Divino Niño Jesús ocupa un lugar significativo en la religiosidad popular católica, pues representa a Jesucristo durante su infancia y recuerda valores esenciales del mensaje cristiano: la humildad, la ternura, la confianza en Dios y la esperanza.

Para millones de creyentes, su imagen constituye un símbolo de protección espiritual, consuelo ante las dificultades, agradecimiento por los favores recibidos y compromiso con el bienestar de los niños y las familias.

Sin embargo, esta devoción no se limita a la veneración de una representación religiosa. En su sentido espiritual más profundo, invita a acercarse a Jesús con la confianza y la sencillez de un niño, cultivar la fe y traducir el amor a Dios en acciones concretas de solidaridad, servicio y caridad.

El Divino Niño es Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, contemplado en el misterio de su infancia. Por tanto, su veneración se dirige a Jesús mismo, y no a una divinidad diferente ni exclusivamente a la figura infantil, según explica la exposición del libro.

Esta devoción se fundamenta en una verdad central del cristianismo: Dios se hizo hombre y asumió la condición humana desde su nacimiento. La infancia de Jesús recuerda que la grandeza divina también se manifestó en la sencillez de Belén, en la vida familiar de Nazaret y en el crecimiento de un niño que necesitó cuidados, protección y amor.

Desde esa perspectiva, la figura del Divino Niño adquiere un significado que trasciende la expresión devocional. Contemplar a Jesús en su infancia implica reconocer el valor de todos los niños y asumir el deber moral de defender su vida, su dignidad y su derecho a crecer en condiciones de seguridad y bienestar.

Es precisamente en este punto donde la obra de fray Aridio Castro Tejada encuentra una de sus mayores fortalezas: relaciona la tradición religiosa con los desafíos de la humanidad contemporánea y propone una espiritualidad que no se desentiende del sufrimiento de los demás.

El autor

Fray Aridio Castro Tejada, O. P., es sacerdote de la Orden de Predicadores, conocida como Orden de los Dominicos. Fue ordenado presbítero el 26 de noviembre de 2011 y ha desarrollado labores docentes en el Centro de Teología Santo Domingo de Guzmán, en la República Dominicana.

En septiembre de 2024 impartió la lección inaugural del curso académico mediante una conferencia dedicada a los 500 años de la Escuela de Salamanca, corriente del pensamiento teológico, filosófico y jurídico que tuvo una influencia notable en la reflexión sobre la dignidad humana, los derechos de los pueblos y los fundamentos éticos de la convivencia.

Esta publicación conecta con responsabilidad la tradición católica con las preocupaciones humanas y sociales de nuestro tiempo e invita a comprender que la devoción religiosa alcanza su sentido más profundo cuando se expresa también en el respeto a la vida, la defensa de los más vulnerables y la solidaridad con quienes padecen. Recomendamos su lectura.

Ficha catalográfica

ISBN 978-9945-516-08-1

El culto al Divino Niño. Más allá de la devoción
Una reflexión socioteológica de la niñez a lo largo de la vida

Autor: Castro Tejada, Aridio
Editorial: Editorial Opus
Materia: Filosofía y teoría de la religión
Clasificación: Filosofía y religión
Público objetivo: General
Publicado: 2026-06-30
Número de edición:1
Número de páginas: 92
Tamaño: 5.5×8. 5cm.
Precio: $600
Encuadernación: Tapa blanda o rústica
Soporte: Impreso
Idioma: Español

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