Una gran oportunidad (Artículo invitado- Daniel Jiménez)
He comprendido que las oportunidades no siempre llegan como uno las imagina. A veces aparecen disfrazadas de pequeños pasos, de conversaciones inesperadas o de puertas que parecen modestas, pero que pueden conducir a lugares extraordinarios
Daniel Jiménez
SANTO DOMINGO. Hace poco más de cinco años viví una de las experiencias más importantes y trascendentales de mi vida: graduarme de la universidad.
No fue un camino sencillo. Hubo momentos de incertidumbre, enfermedades, situaciones familiares, largas jornadas de estudio y todos los altibajos que suelen acompañar un proceso académico. En mi caso, ese recorrido fue especialmente desafiante, pero también profundamente enriquecedor. Sin embargo, mucho antes de ingresar a la universidad, ya tenía claro qué quería hacer con mi vida. Desde niño soñaba con convertirme en comunicador. No aspiraba necesariamente a ser el más famoso, pero sí a formar parte de ese mundo que tanto admiraba.

Crecí viendo televisión dominicana.
En ese entonces la observaba con los ojos de un niño que soñaba con estar algún día del otro lado de la pantalla. Hoy la sigo viendo, al igual que los medios digitales y tradicionales, pero con una mirada mucho más crítica, fruto de la experiencia y la formación. Ya no solo disfruto el contenido; también analizo qué funciona, qué puede mejorar y qué decisiones hay detrás de cada producción.
Cuando finalmente viajé a México para mi graduación en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), recuerdo que durante varios momentos del viaje me repetía una idea: «Cuando termine esta etapa, buscaré la forma de entrar al medio de la comunicación.»
Pensaba que ese sería el siguiente paso natural. Pero la vida tenía otros planes. Durante mucho tiempo estuve convencido de que mi camino comenzaría detrás de cámaras. Siempre decía que primero quería aprender producción, conocer el backstage y, cuando llegara el momento adecuado, dar el salto frente a las cámaras. Con el paso de los meses —y luego de los años— comprendí que los planes de Dios y de la vida no siempre coinciden con los nuestros.
Esa mentalidad terminó de cambiar el día que vi una entrevista de Jorge Chaljub al comediante e historiador Julio Valentín, mejor conocido como «Té de Jagua» y “Vale Valentín”.
Curiosamente, hoy no recuerdo cuál fue la frase exacta que provocó ese cambio en mí, pero sí recuerdo perfectamente lo que pensé al terminar de verla: «¿Sabes qué? Yo cojo lo que sea.»
Por supuesto, hablaba en el plano laboral. Lo importante dejó de ser el puesto específico. Lo verdaderamente importante pasó a ser encontrar una oportunidad para entrar, aprender, aportar y crecer.
Esa idea me hizo recordar otro momento que había vivido años antes, durante la pandemia. Mientras tomaba una de mis últimas clases de canto con la Tía Nancy, ella me dijo: «Estoy armando un programa de televisión y quiero que estés.» Mi respuesta fue inmediata: “Claro que sí. Cuente conmigo.»
En aquel momento todavía era estudiante universitario. Sabía que el programa pertenecía a un canal administrado por la iglesia y entendía que mi participación sería más una labor de servicio y vocación que una oportunidad económica. Y, sinceramente, eso nunca me importó.
Porque para mí seguía siendo exactamente lo mismo: Una oportunidad.
Quizás alguien lea estas líneas y piense que estoy conectando ideas que no tienen relación entre sí. Tal vez tenga razón. Pero así funciona muchas veces la vida. Distintas experiencias, conversaciones y decisiones terminan formando un mismo camino. Hoy me encuentro en un momento muy distinto.
He comprendido que las oportunidades no siempre llegan como uno las imagina. A veces aparecen disfrazadas de pequeños pasos, de conversaciones inesperadas o de puertas que parecen modestas, pero que pueden conducir a lugares extraordinarios.
Actualmente me encuentro en conversaciones relacionadas con nuevas oportunidades, tanto en un importante programa de televisión como en un periódico de gran relevancia para el país.
No sé cuál será el resultado de esos procesos.
Lo que sí sé es que, al igual que ocurrió con Televida. Cada una de esas posibilidades representa un nuevo paso hacia el sueño que comenzó hace muchos años, cuando un niño se sentaba frente al televisor imaginando que algún día podría formar parte de ese mundo. Porque, al final, las grandes carreras no siempre comienzan con una gran oportunidad.
Muchas veces comienzan simplemente con la decisión de no dejar pasar ninguna.
- Periodista dominicano graduado Universidad de La Rioja





