A partir de hoy la vida nos abre un nuevo ciclo, otorgándonos la posibilidad de iniciar todo partiendo de 0. Es la ilusión o realidad, de la segunda oportunidad llegada a tiempo.

La existencia nos abre paso hacia la maravillosa oportunidad de disfrutar una existencia de calidad entre nosotros, de más vida en familia, de mayor acción a favor de quienes nos rodean y de quienes no conocemos, expresión plena del amor por la humanidad.

De igual modo, este reinicio de todo nos permite encontrarnos con los aspectos menos mercadeados de la personalidad de cada quien, ese lado oscuro, deficiente o cargado de egos fatuos y necesidades obsesivas que, en realidad, no lo son.

Llegamos a este punto de partida temporal, fortalecidos en los ideales de fe de cada quien, respetándonos, amándonos como familia, disfrutando del qué hacer infinito y común de avanzar en la existencia, de cada quien, de la que sabemos a la perfección que no es perfecta, que no es modelo inmaculado, pero que es que tenemos  y con el cual tenemos que sobrellevar cargas y honores, de acuerdo a la curiosa distribución de dones que nos procuramos o que nos han cargado en el imaginario sorteo de la existencia.

Es este recomienzo es tiempo de aceptárnos con tolerancia aun en los puntos en los que tenemos diferencias.

Ese  y no otro es el sentido verdadero del amor:  el que nos pide amarnos  por encima de todo. Sabiéndonos seres imperfectos con altas y bajas como humanos que somos, pero siempre con el mejor deseo de dar de cada uno de nosotros lo mejor, siendo lo mejor en nuestros trabajos, en nuestro vínculo con la familia y el entorno comunitario, en el templo, en las instancias en que nos congregamos, alegrándonos de que todo lo que nos ha ocurrido son pruebas, algunas muy duras, que hemos sufrido y vencido.

El llamado es a que redoblemos los lazos del amor, de la solidaridad entre todos nosotros.

Que ayudemos a los pequeños siendo ejemplo de vida, dándonos la oportunidad de ofrecerles el mejor modelo y la guía de una fe (la que cada quien tenga) que se resume en amar a los demás como nos queremos a nosotros mismos.  Una regla que pide no dañar a nadie con nuestras acciones, validando y armonizando el universo de derechos y deberes.

Este 1 de enero es el tiempo de hacer conciencia de que la gente es valiosa por lo que es, no por lo que tiene.

Es hora el arranque de una carrera en la que hacemos conciencia de que el tiempo es un don valioso que debe ser destinado a crecer como personas.

Es la coyuntura precisa para hacer distancia de egos, consumismo y la vanidad, sabiéndonos que la belleza mejor es la que cada quien lleva dentro cuando su vida es un sinónimo de entrega, de orientación, de luz.

Buen inicio de 2022 

 

Por Jose Rafael Sosa

Periodista, escritor dominicano y origamista