La escena alterada (Crítica de libros de la Feria del Libro 2026)

Lo que logra Ginebra con esta publicación es presentar a las actuales generaciones el fenómeno de Teatro Gratey, uno de los proyectos que con mayor intensidad impulsó una metodología de teatro popular comprometido, dotado además de calidad temática y artística en sus montajes

SANTO DOMINGO . El teatro, históricamente hablando, constituye un hecho trascendente que marca la vida de los pueblos, expresa la actitud de sus artistas de la escena y forma parte de las jornadas de lucha por la emancipación, al tiempo que consagra ideales, valores y aspiraciones.

En el caso del teatro dominicano, el estudioso se encuentra con un largo proceso que todavía no ha sido debidamente documentado mediante la incorporación sistemática de datos, testimonios, documentos y estudios que permitan reivindicar y comprender su trayectoria. Persisten lagunas, explicaciones a medias y versiones inconclusas, muchas de ellas dispersas en recortes de prensa, programas, carteles y otros documentos.

Reconstruir documentalmente los hitos del proceso teatral dominicano tiene un valor extraordinario, incluso porque muchos de sus propios protagonistas no siempre tienen conciencia de la importancia que encierra esta tarea de rescatar el pasado.

Por estas razones, adquiere un valor especial que un participante y protagonista del proceso teatral dominicano, en este caso Danilo Ginebra, teatrista y miembro de aquella generación, haya reconstruido la trayectoria de uno de los grupos fundamentales de la escena nacional y de una experiencia teatral consecuente con las aspiraciones de construir sociedades mejores.

Lo que logra Ginebra con esta publicación es presentar a las actuales generaciones el fenómeno de Teatro Gratey, uno de los proyectos que con mayor intensidad impulsó una metodología de teatro popular comprometido, dotado además de calidad temática y artística en sus montajes.

El Grupo Teatro Gratey surgió en 1977, en Santo Domingo, como una derivación del movimiento teatral que se había formado alrededor del director venezolano Rómulo Rivas y del Teatro Estudiantil. Cuenta el autor que entre sus integrantes más destacados estuvieron Mario Lebrón, Teófilo Terrero, Olga Bucarelli, Miguel Ángel Bucarelli Bobea, Yanela Hernández y Máximo Sánchez. Posteriormente, ingresaron como colaboradores Wilson Rodríguez, Jorge Medrano, Tomás Alcántara, Humberto Castellanos, Anacaona Félix y Claudio Mir, entre otros.

La importancia de Gratey —siguiendo los planteamientos del autor— estuvo en el desarrollo de un teatro colectivo, popular, crítico y experimental, cuyas características principales fueron la creación colectiva, con actores que participaban activamente en la construcción del espectáculo; un teatro sociopolítico, con obras que abordaban problemas sociales y políticos de la República Dominicana; y el desarrollo de un teatro callejero, mediante el cual el escenario podía ser una plaza, una calle, un barrio, una escuela o cualquier espacio donde estuviera el público.

Esta concepción propiciaba una participación directa del espectador, reduciendo, y en ocasiones casi eliminando, la separación tradicional entre escenario y público. Todo ello se apoyaba en un lenguaje popular, concebido para comunicarse de manera dinámica con sectores sociales que normalmente no asistían a las salas convencionales.

La investigación sobre el teatro dominicano de los años setenta identifica precisamente a Gratey, Gayumba y El Tercer Grupo entre las agrupaciones surgidas bajo la influencia del actor y director venezolano Rómulo Rivas, quien desempeñó un papel importante en el impulso del teatro escénico dominicano.

El primer montaje de Gratey fue la creación colectiva 1946: Mi primera manifestación, seguida por Regina Express. La trayectoria del grupo incluyó posteriormente obras de diferentes tendencias y registros. Entre ellas figuran Mujeres de nuestro paísEntremeses dominicanos¿Quién se atreve con un entremés de Cristóbal de Llerena? y La Chunga, de Mario Vargas Llosa, acontecimiento teatral que contó con la presencia del entonces futuro Premio Nobel de Literatura en Casa de Teatro.

También aparecen en el recorrido reconstruido por Ginebra Enrique IV, vinculada a Luigi Pirandello en las fuentes sobre el repertorio, y la recuperación para la escena de Alma criolla, de Rafael Damirón, entre otras propuestas.

Uno de los méritos de La escena alterada es precisamente que Danilo Ginebra no escribe desde la distancia de un investigador que observa un fenómeno concluido. Escribe desde la experiencia de quien participó en aquel proceso y puede recuperar nombres, circunstancias, ambientes y episodios que difícilmente podrían ser reconstruidos únicamente a partir de fuentes documentales.

Ginebra desarrolla una escritura de tono narrativo, lineal y accesible, pero cargada de matices cuando necesita detenerse en determinados acontecimientos o protagonistas. Construye un hilo expositivo directo, fluido y de considerable atractivo informativo, lo que permite que el libro pueda ser leído tanto por especialistas y estudiosos del teatro como por lectores interesados en la historia cultural dominicana.

Otro de los grandes valores del volumen es su trabajo documental e iconográfico. Las fotografías, los materiales de archivo y la recuperación de testimonios contribuyen a convertir el libro no solamente en una memoria de Gratey, sino también en un documento para futuras investigaciones sobre el teatro dominicano de la segunda mitad del siglo XX.

Hay que destacar, además, el trabajo del equipo editorial integrado por Odalis Pérez, Elaine Gómez y Samanta Sánchez Franco, cuya labor contribuye a presentar un volumen visualmente cuidado. La selección y disposición de las imágenes convierten la publicación en un objeto de interés histórico y artístico.

La impresión de Amigo del Hogar completa una edición de notable calidad. El cuidado de la reproducción a todo color, el papel utilizado y la presentación general del volumen revelan un esfuerzo editorial que está a la altura de la importancia del material reunido.

Pero La escena alterada vale, sobre todo, por lo que representa: la recuperación de una parte de la memoria teatral dominicana que no debería permanecer dispersa en periódicos, fotografías, programas y recuerdos personales.

El libro plantea, indirectamente, una tarea mayor: la necesidad de continuar reconstruyendo la historia de las agrupaciones, directores, actores, dramaturgos, técnicos y gestores que hicieron posible el desarrollo del teatro dominicano contemporáneo.

La historia de Gratey demuestra cuánto puede perderse cuando las experiencias artísticas no quedan registradas y cuánto puede recuperarse cuando uno de sus protagonistas decide asumir la responsabilidad de contarla.

Por eso, la publicación de La escena alterada. El impacto de Gratey en la evolución del teatro dominicano constituye un acontecimiento editorial que debe ser celebrado. Es un libro sobre el teatro, pero también sobre la memoria cultural, la participación social y la capacidad del arte para intervenir en la realidad.

La obra, disponible en varios puestos de venta durante la Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2026, es, por tanto, una lectura recomendable para quienes aman el teatro, para quienes estudian la cultura dominicana y, especialmente, para quienes entienden que un país que no documenta la historia de sus artistas termina perdiendo una parte esencial de su propia memoria.

La publicación de este libro debería alegrarnos a todos. Porque rescatar a Gratey es, en definitiva, rescatar una parte fundamental de la historia de la escena dominicana.

Portada: La escena alterada.
Ficha técnica: La escena alterada. El impacto de Gratey en la evolución del teatro dominicano. Autor: Danilo Ginebra. Corrección de estilo: Odalis Pérez y Elaine Gómez. Diseño de cubierta, diseño editorial y arte final: Samanta Sánchez Franco. Impresión: Amigo del Hogar. ISBN: 978-9945-30-474-0. Fuentes de datos: Archivo General de la Nación (AGN), Editora Hoy (1960-2011), Listín DiarioÚltima HoraEl Nuevo Diario y El Nacional. Fotografías: José Ramón Andújar, Miguel Squerre y Mika Pasco. Formato: 10 × 8 pulgadas. Impresión a todo color. Papel interior: Satinado 100; portada: cromocote mate.

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