La 42 (Crítica de cine)
Cabral es observador participante, otorga el protagonismo a los líderes locales, a sus artistas, a los seres comunes que encuentran en el teteo la forma ritual de canalizar sus esperanzas.
José María Cabral es uno de los directores nacionales de cine que mejor ha definido un estilo en forma y contenidos. El documental La 42 es la continuación de esa trayectoria, ahora con la misma disciplina y profundidad de siempre.
La 42 es su tercer documental (Tumba y Quema [2023], Isla de Plástico [2019]), dejando de momento su línea medioambiental para sumergirse en la marginalidad urbana, tomando un serio riesgo: ante una zona viva de conflictos, delincuencia y rebeldía social, también incide el derecho a la realización juvenil por la vía del arte y la solidaridad entre comunitarios.
Cabral apela a una narración que recorre la vida de los principales personajes: Demetal, Natasha Dancer, Ricardo La Música y Maco Boba. Mueve su cámara desde una multiplicidad de ángulos: contrapicado para ofrecer la visión del enjambre humano que se teje abajo, a golpe de cerveza y psicotrópicos, como el tejido de una nueva esperanza; logra tomas aéreas con una perspectiva fresca y emplea su cámara a ras de la calle, siguiendo con premura el paso de sus personajes.
La 42 es un documental de radiografía urbana que pedía, hacía tiempo, la atención de un director que abordara sus características sin prejuicio, con sentido de ahondar en su origen y desarrollo, para exponer adecuadamente los factores que han llevado a ese sector de 600 metros lineales, limitado por la avenida Duarte y la calle Respaldo José Martí, en la zona norte de Santo Domingo.
Cabral, asistido por un equipo de filmación mínimo, al signo de un cine guerrillero, se distancia de los gigantismos del cine industrial, con sus equipos pesados, sus luminarias que transforman la noche en día y el cableado infinito que se desparrama en la locación por doquier.
Cuidadoso en el tratamiento, gracias a un guion inteligente de Cabral y Miguel Yarull, el proyecto tuvo a su favor la buena voluntad de los personajes y el poder comunitario que aceptaron la intervención fílmica, conscientes de que podría ayudar a difundir la esencia de cuanto allí se cuece.
Cabral logra el objetivo de presentar La 42 como un universo de apoyo al talento artístico, un canto al cuidado entre iguales, que no maquilla sus incongruencias ni sus desfases sociales.
El proyecto se sumerge en esta zona de varias cuadras ocupada por su población, mayormente joven, que la transforma en un espacio vibrante donde se fusionan la cultura urbana, la música y la vida nocturna.
Todo opera de acuerdo con sus propias reglas y horarios, que no siempre coinciden con los de la autoridad policial. Es común encontrar actividades sociales y culturales durante todo el día y la noche, conviviendo con sus divergencias asincrónicas de seguridad y pobreza.
Cabral desarrolla una estrategia de observación participante y, en ocasiones, se deja ver de soslayo; luego de ser aceptado, otorga el protagonismo a los líderes locales, a sus artistas, a los seres comunes que encuentran en el teteo la forma ritual de canalizar sus esperanzas. Logra una vívida autenticidad con su inmersión en La 42, destacando la capacidad de generación de nuevas figuras del canto urbano.
La 42 es un propósito fílmico de éxito. José María Cabral lo vuelve a hacer.

La 42
Dirección: José María Cabral
Guion: José María Cabral, Miguel Yarull
Género: Documental
Formato: HD Digital / DCP
Productora: Tabula Rasa Films
Productor(es): José María Cabral
Dirección de fotografía: Hernán Herrera
Sonido: Franklin Hernández
Edición: José María Cabral
Música: Pablo Alcántara “Mediopicky”
Dirección artística: David Ferreira
Duración: 1 hora 31 minutos
Intérpretes / participación: Demetal, Natasha Dancer, Ricardo La Música, Maco Boba

