El teatro, siempre el teatro. Presente como recreación de vida, como reiteración de los hechos y la gente, sus sucesos y retorcimientos. Un teatro que avanza paralelo a la historia y que nos recrea la argumentación que la literatura aporta.
Volver de nuevo al ahora ampliado Teatro Guloya, es siempre venturoso. Cuando al año que le quedan dos meses y se pensaba que en teatro, que este año ha sido mucho y muy bueno, ya había pasado todo lo trascendente, tan solo para decirnos que el teatro termina cuando haga mutis el último de sus personajes. Y nos sorprende con Frankenstein, tomando por completo la perspectiva inesperada.
Frankenstein es la tropicalización de la historia clásica combina drama, comedia, danza y títeres en una formula fresca e impecable.
La historia
Cuando comenzó a circular en Londres en 1918, la novela de ciencia ficción Frankenstein,  de Mary Shelley que sugería el poder humano de crear vida cual moderno Prometeo, la autora no tenía la menor idea de la plataforma que estaba sirviendo para que una compañía teatral independiente de República Dominicana, casi doscientos años más tarde,  utilizara mediante su trama inicial,  para llevan un mensaje existencial y social, utilizando simultáneamente el drama, el humor, el baile, el teatro del objeto, el acrobático, actuación de farsa, canción  y los títeres  y marionetas.
La pieza discurre escénicamente con pasajes variados de expresión y logra llevar un mensaje que abarca desde la perennidad de la vida humana hasta la corrupción en un imaginario país del Caribe.

Frankenstein tiene su principal atractivo en la combinación de expresiones y modos teatrales que alucina la percepción de quienes llenaron, función tras función, el Teatro Guloya.
Teatro Guloya, bajo la dirección de Claudio Rivera, ubicó con precisión como última presentación de su temporada, a Frankenstein, seleccionó con buen criterio a Orestes Amador, que había representado este papel hace 17 años, (y que luego fue hecho por Vicente Santos), sorprendió el ambiente escénico local, al lograr una producción intensa, divertida y dramática, en la cual adquieren un valor especial recursos técnicos como el maquillaje realista y la escenografía.
Es este un Frankenstein discurren te, nuevo, socialmente valiente y realizado con una impecabilidad teatral, por la que debe quedar en el buen recuerdo del público que asistió a sus nueve funciones en el remodelado escenario (gracias a Ministerio de Turismo que ha remozado ésta y otras salas de teatro de la zona colonial).
Un montaje para ser tomado en cuenta al momento de evaluar lo mejor que escénicamente ha ocurrido en 2017.
SINOPSIS:
Creación del teatro Guloya basada en la novela original de Mary Shelley donde una monstruosa criatura trató de hacer el bien y sólo recibió rechazo y castigo. Cuál Prometeo moderno, nuestro Frankenstein grita su ira indomable y aferrado al espíritu del rock nos recuerda que todos somos el monstruo.
¿Por qué Frankenstein?: El sueño tiene su reverso, la pesadilla: el descubrirse como una media isla que flota sobre cuerpos mutilados, almas desmemoriadas y derechos negados. Los doctores que operan desde los quirófanos de nuestra economía experimentan con la vida sin autorización de los muertos que aún no descansan. Nos niegan el derecho a ser felices hoy, por lo que la urgencia nos acorrala. La violencia, no es el medio, no es el fin, es simplemente la respuesta. Nada ha cambiado, solo que estamos más viejos. La resistencia también es recordar. Por eso Frankenstein.
FICHA TECNICA
Título: Frankenstein
Dramaturgia y dirección: Claudio Rivera
Asistente dirección: Mary Paniagua
Basada en la novela homónima de Mary Shelley
Banda Sonora. Josué Santana (EPD), Pavel Núñez y Víctor Contreras
Producción Ejecutiva: Viena González
Música Original; Josué Santana
Utilería: Lenín Paulino
Iluminación: Ernesto López
Escenografía: Miguel Ramírez
Vestuario: José Miura y Veras Vertuzzi
Maquillaje: Ana María Andrickson y Yeifri Ramírez
Coreografía: Orestes Amador
Fotografía: Luis Dantes Castillo
Diseño Gráfico: Olga Valdez
Talentos: Orestes Amador, Claudio Rivera y Viena González.
 
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Por Jose Rafael Sosa

Periodista, escritor dominicano y origamista