Cosette Bonelly, la luminosidad que permanece
La única ventaja que podemos encontrar en esta dolorosa despedida es imaginar que los cielos están ahora mucho mejor iluminados por una mirada incomparable: la de Cosette Bonelly
Las noticias son incesantes. Unas cubren a las anteriores y las que llegan hoy serán desplazadas por las de mañana.
Pero hay noticias que no siguen ese curso. Informaciones que nos marcan, que dejan una huella profunda en el alma. Así acontece con la inesperada, sorpresiva y dolorosa partida de nuestra colega Cosette Bonelly , esposa de Persio Maldonado, pero, sobre todo, una mujer que siempre se distinguió por su propio trabajo, sus aportes y su personalidad. Supo ser ella misma, más allá de la persona que amaba y que tenía a su lado.
Cosette Bonelly fue una mujer de criterio propio, de iniciativas visionarias y de importantes aportes al periodismo dominicano.

Fue la responsable de concebir el portal web de El Nuevo Diario y de convocar a colaboradores —tal como lo hizo con nosotros— para sumar esfuerzos y voluntades. Incluso, incorporó nuestros portales como medios amigos del naciente proyecto digital del periódico de la avenida Francia.
Supo ejercer la comunicación desde una perspectiva generosa: aportar sin competir, sumar talentos, compartir recursos y construir colectivamente. Trabajó para desarrollar un portal que llegó a ganarse el prestigio de superar, en determinados aspectos, el diseño y las posibilidades del propio medio impreso. Aquella iniciativa requería visión, perseverancia y una comprensión temprana de los cambios que comenzaban a transformar el ejercicio periodístico.
Amable, sonriente, constante en sus propósitos, convencida de sus metas personales y profesionales y dotada de un encomiable espíritu de equipo, Cosette Bonelly supo vivir para hacer mejor la comunicación.
Trabajó para modelar un proyecto que demandaba constancia, amor por su esencia y visión empresarial, aun sin disponer de los millonarios recursos con los que contaban otros medios. Creyó en lo que había que hacer y puso su capacidad, su entusiasmo y su voluntad al servicio de esa convicción.
Y su labor permanece.
Permanece en sus compañeros de trabajo, que hoy la extrañan. Permanece en cada iniciativa que ayudó a levantar, en cada experiencia compartida y en cada publicación que sigue apareciendo en las plataformas digitales y en las páginas impresas de El Nuevo Diario. Permanece, también, en Persio, que la amó y que ahora enfrenta la ausencia de una compañera de vida.

Claro que todos vinimos al mundo para partir algún día. Pero hay despedidas que, por inesperadas y por producirse cuando menos se esperan, dejan una sensación de dolor difícil de explicar. Nos recuerdan la fragilidad de la existencia y, al mismo tiempo, el valor de las personas que hacen de su paso por la vida una oportunidad para construir, servir y dejar algo bueno en los demás.
Cosette se ha ido, pero nos deja su sonrisa, su ejemplo y su trabajo. Nos deja, sobre todo, una lección que merece ser destacada: se puede alcanzar protagonismo sin desplazar a nadie, se puede crecer profesionalmente ayudando a crecer a otros y se puede dejar una huella profunda sin necesidad de ocupar permanentemente el centro de la escena.
Ese fue uno de sus grandes méritos. Su manera de ejercer el periodismo no estuvo marcada por la competencia estéril, sino por la colaboración; no por la búsqueda de reconocimiento personal, sino por la satisfacción de contribuir a una obra colectiva. Entendió que los proyectos de comunicación se fortalecen cuando se abren a otras voces, cuando reconocen el talento ajeno y cuando se construyen desde la confianza.

Nuestro abrazo de solidaridad y consuelo para Persio y sus hijos.
También para los colegas de El Nuevo Diario, que seguramente seguirán sintiéndola caminar por esos pasillos, presente en la memoria de los espacios que recorrió, en las iniciativas que impulsó y en las conversaciones que compartió.
No somos pocos los que, aun desde la distancia, continuaremos extrañando su voz, su actitud, su mirada y esa sonrisa que parecía anunciar siempre una disposición favorable para emprender algo nuevo.
La muerte interrumpe la presencia física, pero no tiene la última palabra sobre el legado de una persona.
Hay vidas que continúan hablándonos a través de sus obras, de las personas a quienes ayudaron y de los ejemplos que dejaron sembrados.
Cosette Bonelly pertenece a esa categoría de seres humanos cuya luminosidad no se extingue con su partida.
La única ventaja que podemos encontrar en esta dolorosa despedida es imaginar que los cielos están ahora mucho mejor iluminados por una mirada incomparable: la de Cosette Bonelly.

