A la memoria de Guaroa Ramírez Moreno

Cuando parte una persona desconocida para las refulgentes plataformas de los medios, alguien sin redes sociales ni nombradía ante los grandes dilemas nacionales, parecería que no ha partido nadie significativo. Pero no es así.

Falleció recientemente el ingeniero Guaroa Ramírez Moreno, un nombre que quizás no diga mucho a la gran masa, pero que resulta imposible pasar por alto. Le conocí en 1973, cuando entablé relación con su hermana, la hoy doctora Coralis Ramírez Moreno, escritora y madre de nuestro hijo, Faruk Sosa Ramírez. Guaroa era como un vademécum infinito de conocimientos; conversar con él era un deleite incalculable.

Nos toca despedir a Guaroa, un sabio anodino y profundo. Dibujo IA Gemini

Era entonces un profesional de la ingeniería con una altísima conciencia social y revolucionaria, poseedor de una claridad dialéctica admirable para escrutar el acontecer nacional. Combinaba con brillantez la exactitud de las ciencias exactas con la sensibilidad del pensamiento social.

Ha partido de forma inesperada, tras un sorpresivo infarto cardíaco, dejándonos un vacío notable. Extrañaremos, sobre todo, su trato afable y su conversación enriquecedora, creativa y subversiva; subversiva en la hermosa medida en que puede serlo un intercambio libre de ideas al calor de un buen café.

Guaroa conversando en sus deliciosas tertulias hogareñas Foto suministrada del archivo familiar.

Él era un faro de orientación familiar y comunitaria. Gracias a sus profundas lecturas y a su agudo sentido de la observación, mantenía afilada una visión crítica ante los conflictos mundiales y locales.

Con su partida se cierra un ciclo terrenal, pero permanecen con nosotros sus horas de reflexión, su meticuloso análisis del panorama internacional —en especial sus juicios a las geopolíticas de Estados Unidos, Rusia y China— y su mirada certera sobre el dinamismo de nuestra sociedad y los partidos del sistema.

Residía en la casa materna de la calle 33 Este del Ensanche Luperón, en Santo Domingo, el hogar de sus padres, don Mairení Ramírez y doña Dilia Moreno, y muy próximo a la vivienda de su hermana Estela Ramírez (todos ellos ya fallecidos).

Guaroa era, en muchos sentidos, el guardián de esos recuerdos, un superviviente de los afectos primarios. Hoy nos deja tras una existencia plena, recta y coherente, habiendo sido un faro silencioso pero imprescindible para los suyos.

Testimonio de su hermana, Coralis Ramírez Moreno:

Ing. Guaroa Ramírez Moreno. (EPD)

«Hoy me encuentro de nuevo junto al dolor, que ha ido haciendo una contraparte permanente en mi vida. Sé que lo único seguro tras nacer es la muerte; no aspiro a que nadie sea eterno, sería ilusorio. Pero aspiraría a entender por qué el golpe es tan constante e incesante.

En 1994  fue mi padre, don Mairení, y lo entendimos; fue un ser bueno, un ciudadano trabajador y ejemplar, un padre amoroso y recto. Se comprende su partida.

En 2019  se fue mi madre, Dilia, también una persona de la tercera edad que nos dejó un vacío inmenso por tantos años de amor en cada detalle diario. Dolió, y mucho, de una forma indescriptible.  También ese año se fue mi hermana Estela.

A los pocos meses, mi sobrino del alma, Fernando Arturo Ramírez, falleció trágicamente ahogado en las inundaciones provocadas por los aguaceros de junio de 2022. Y luego, tras unos meses, también se fue mi hermana Estela. Es mucho luto y muy continuo.

Y ahora,  2026, partió una parte esencial de mi propio ser, porque cuando se pierde un hermano se va con él una porción de nuestra historia y de nuestras vivencias. Mi hermano Guaroa era un ser excepcional, culto, inteligente, con un sentido del humor que requería de mucha agudeza para ser comprendido.

Toda su vasta cultura no se la dieron la escuela ni la universidad. Era un lector voraz, incansable, un aventurero de temas y autores, y un detector al vuelo de faltas ortográficas. Habría que haber visto su biblioteca en el Ensanche Luperón, la más grande de una persona individual en todo el sector.

En mi adolescencia me preguntaba: ¿De cuál tema no sabe a fondo mi hermano? No había un área ante la cual quedara en silencio: historia, física, química, matemática, literatura, astronomía, política… Conocía de todo. Sabía de todo, este ser único que hoy nos deja en vilo, con el alma rota y el corazón herido. Hasta luego, hermano.»

Le deseamos un buen viaje hacia las alturas. Al final, los hombres que siembran ideas y comparten la luz de su intelecto no se marchan del todo; se transforman en el eco de las conversaciones que nos marcaron y en la brújula invisible que nos habita.

A pesar del dolor acumulado y del luto sucesivo que hoy golpea a la familia, queda la certeza hermosa de que la muerte es solo una transición para quienes vivieron con propósito. Guaroa no es una ausencia, sino una presencia multiplicada en cada libro de su biblioteca, en cada debate heredado y en el rigor ético que sembró en los suyos.

La luz de su pensamiento no se extingue con su partida física; se queda encendida como un faro eterno en el Ensanche Luperón y en el corazón de quienes lo amaron, recordándonos que una vida noble y coherente siempre vence a la muerte a través de la memoria. ¡Hasta siempre, Guaroa!

 

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