Martha Pelayo se ha marchado pero se seguirá sintiendo por su luz y su ejemplo

La santiaguera Marta del Carmen Pelayo Polanco deja una historia de perseverancia que se expresó en el deporte, la lucha por los derechos de las personas con discapacidad, su compromiso social y su condición de madre. Amo la vida.

Marta Pelayo. Descansa en paz.

SANTIAGO. Martha Pelayo ya no estará en la línea de salida de Santiago Corre ni podrá levantar su voz en las actividades públicas donde reclamaba una ciudad más humana. Tampoco estará en los encuentros familiares que forman parte de la vida de una madre.

Nos ha dejado, pero su mirada y su recuerdo persisten en el corazón de todos los que fuimos objeto de su aprecio, de su amor y su recuerdo. Su mirada luminosa y su amplia sonrisa nos habrán de seguir iluminando. No se le olvidará jamás.

Marta del Carmen Pelayo Polanco, pertenece a esa categoría de seres humanos cuya trayectoria merece ser contada más allá de la noticia de su fallecimiento.

Santiago y el país pierden físicamente una mujer cuya trayectoria pública ofrece motivos para recordar que la verdadera inclusión comienza cuando dejamos de considerar extraordinario que una persona con discapacidad participe en las mismas actividades que los demás.

Su partida, ocurrida en Santiago, vuelve la mirada hacia una mujer que hizo de su existencia una demostración de voluntad, participación y defensa de la dignidad humana. Una mujer que, desde su condición de persona con impedimento de movilidad, se negó a aceptar que las dificultades físicas determinaran el tamaño de sus aspiraciones ni redujeran su derecho a participar en la sociedad.

Martha Pelayo.

La noticia de su fallecimiento fue publicada por la Funeraria Blandino, que informó que sus restos fueron expuestos en la capilla Santiago el jueves 29 de octubre de 2026 y recibieron cristiana sepultura el viernes 30.

Ella fue una mujer que decidió participar. Nació en Santiago de los Caballeros, ciudad que ha sido escenario de una intensa tradición de participación cultural, social y comunitaria. En ese ambiente desarrolló una presencia pública vinculada a la defensa de las personas con discapacidad y a iniciativas de participación ciudadana.

Su condición física no la confinó a la inmovilidad social. Por el contrario, la llevó a comprender, desde su propia experiencia, las dificultades que enfrentan quienes necesitan condiciones especiales para desplazarse, estudiar, trabajar, recrearse y ejercer sus derechos. Su actitud representaba una respuesta a una sociedad que, con frecuencia, habla de inclusión, pero no siempre construye las condiciones materiales para hacerla posible.

Las aceras inaccesibles, los edificios sin facilidades para sillas de ruedas, las dificultades del transporte y las barreras arquitectónicas no eran para ella asuntos abstractos de planificación urbana. Eran obstáculos cotidianos que conocía personalmente y sobre los cuales decidió levantar su voz.

En 2010, aparece vinculada al Patronato Cibao de Rehabilitación, durante una caminata por la integración de las personas con discapacidad. En aquella ocasión defendió la necesidad de construir una sociedad donde todos pudieran participar, sin exclusiones ni discriminaciones.

Su planteamiento contenía una convicción que mantuvo vigencia durante los años siguientes: la inclusión no puede quedarse en una declaración de buenas intenciones; debe expresarse en las condiciones concretas que permiten a cada ciudadano vivir con autonomía y dignidad.

Como deportista  en silla de ruedas, desafió las distancias. Uno de los capítulos más inspiradores de su historia fue su participación en actividades deportivas.

 

Martha Pelayo no se conformó con observar las competencias desde las aceras o las graderías. Quiso participar. Quiso sentir la emoción de la salida, el recorrido, la concentración, el esfuerzo y la satisfacción de llegar a la meta.

En 2012 participó en una competencia atlética organizada con motivo del aniversario del Gurabito Country Club, en Santiago, dentro de la categoría de personas que utilizaban sillas de ruedas.

Dos años después, en 2014, su nombre volvió a aparecer asociado a una experiencia deportiva particularmente significativa: completó los diez kilómetros de la competencia Santiago Corre, utilizando su silla de ruedas.

Luego asumió el reto de los diez kilómetros. Una distancia que para muchos corredores representa un desafío físico considerable y que, en su caso, implicaba también enfrentar las dificultades de movilidad, las condiciones del recorrido y las exigencias particulares de una competencia concebida para la participación deportiva.

Para ella no era solo  participar en una carrera. Su presencia constituía una afirmación pública de que las personas con discapacidad tienen derecho al deporte, a la recreación, a la competencia y al reconocimiento de sus capacidades.

En 2016, el Gurabito Country Club dedicó a Martha Pelayo su competencia de diez kilómetros, en ocasión del 85 aniversario de la institución. Este reconocimiento constituye otro indicio de la valoración que había alcanzado su presencia en la vida deportiva santiaguera.

Su ejemplo permite comprender que el deporte no debe medirse exclusivamente por las medallas, los récords o los primeros lugares. También debe valorarse por su capacidad para integrar, superar prejuicios y demostrar que el esfuerzo humano no tiene una sola forma de manifestarse.

Su participación deportiva estuvo acompañada por una actitud de compromiso social.

En abril de 2021, Diario Libre publicó declaraciones suyas acerca de las dificultades que enfrentaban las personas con discapacidad en Santiago. Sus observaciones señalaban una realidad que todavía constituye una deuda de las ciudades dominicanas: la falta de accesibilidad y las barreras que impiden a muchos ciudadanos desplazarse con independencia.

Martha conocía esas dificultades desde la experiencia personal. Por eso sus reclamos tenían una fuerza testimonial particular. Y no hablaba desde la comodidad de quien observa los problemas de otros. Hablaba desde la experiencia de quien debía enfrentar diariamente los obstáculos que denunciaba. Su lucha no consistía en solicitar privilegios. Reclamaba derechos.

Una acera transitable, una rampa correctamente construida, un edificio accesible, un transporte que permita el desplazamiento y una actitud social respetuosa son condiciones indispensables para que una persona con discapacidad pueda ejercer plenamente su ciudadanía. En ese sentido, Martha representó una voz necesaria para Santiago.

Su actitud también deja una enseñanza a las instituciones públicas y privadas: la inclusión no puede depender de la buena voluntad ocasional de las personas. Debe formar parte de las políticas urbanas, educativas, culturales, deportivas y sociales.

La madre

Pero la historia de Martha Pelayo no debe quedarse en la deportista ni en la luchadora social. Existe otra dimensión, probablemente la más íntima y significativa de su existencia: la de madre.

La maternidad constituye una experiencia humana que no se mide por las condiciones físicas de una persona, sino por el amor, la responsabilidad, la dedicación y la capacidad de acompañar la formación de los hijos. En el caso de Martha, esa dimensión familiar merece ocupar un lugar central en cualquier aproximación a su memoria.

Su ejemplo público permite reconocer a una mujer que no quiso ser definida exclusivamente por sus dificultades, sino por su voluntad de vivir, participar y contribuir. Es razonable comprender que esa actitud también forma parte del legado que deja en su entorno familiar.

No obstante, los nombres de sus hijos, sus experiencias familiares y los episodios particulares de su maternidad requieren testimonios de sus allegados para ser incorporados con precisión. Una crónica respetuosa no debe sustituir esos recuerdos por episodios imaginados.

La muerte de Martha Pelayo deja una oportunidad para reflexionar sobre la manera en que la sociedad reconoce a sus ciudadanos.

Con frecuencia, las personas con discapacidad aparecen en los medios de comunicación solamente cuando se producen acontecimientos relacionados con su condición física, campañas de asistencia o actividades de rehabilitación.Sin embargo, sus historias deben contarse también desde sus realizaciones, sus proyectos, sus capacidades, sus aspiraciones y sus contribuciones a la comunidad.

Martha merece ser recordada como deportista, luchadora social, mujer santiaguera y madre. Y por su capacidad de amar la vida.

Hay una diferencia entre sobrevivir a las dificultades y convertir la propia existencia en una demostración de que las dificultades no tienen por qué cancelar los sueños.

Martha Pelayo escogió la segunda posibilidad. No necesitó correr con sus piernas para participar en una carrera. No necesitó caminar para reclamar calles transitables. No necesitó renunciar a su condición física para exigir que la sociedad reconociera su derecho a vivir con plenitud. Su silla de ruedas no fue una frontera que la separara del mundo. Fue el instrumento desde el cual se hizo visible, participó y reclamó su espacio.

Su historia debería servir de referencia para las escuelas, las organizaciones deportivas, las instituciones culturales, los ayuntamientos y las entidades que trabajan por los derechos de las personas con discapacidad.

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