Luis Beiro Álvarez: noble silencio y la gran soledad de un maestro del periodismo cultural

A propósito de una conversación en la Cinemateca Dominicana sobre Desde la última butaca, un libro que permite reconocer la mirada crítica, la sensibilidad cinematográfica y el magisterio periodístico de su autor.
Agradezco la invitación a exponer y compartir criterios con el público asistente a la XXVIII Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2026, en la mediateca de la Cinemateca Dominicana, sobre Desde la última butaca, libro de críticas y artículos cinematográficos de Luis Beiro Álvarez.
La conversación permitió volver sobre una obra que, más de dos décadas después de su publicación, ayuda a identificar no solo el pensamiento crítico de Beiro, sino también su estilo, su sensibilidad ante el cine y una manera particular de ejercer el periodismo cultural.
Beiro y la crítica cinematográfica
El cine constituye uno de los ejes fundamentales de la obra de Luis Beiro.
Su libro Desde la última butaca, publicado en 2003 por Cocolo Editorial, reunió críticas y ensayos breves aparecidos principalmente en Listín Diario. La obra fue auspiciada por los organizadores del Festival Internacional de Cine de Santo Domingo, en un contexto en que todavía era escasa la tradición bibliográfica dominicana de publicación sistemática de crítica cinematográfica.

El volumen, de 206 páginas, constituye un documento relevante para aproximarse a la crítica cinematográfica dominicana contemporánea y, sobre todo, a la mirada de un periodista que ha hecho del cine una de las zonas permanentes de su escritura.
Una de las expresiones que mejor permiten acercarse a su concepción crítica aparece en un texto sobre El violín, publicado en Listín Diario en 2007:
«No temo pecar de absoluto cuando pienso en alta voz mi total convencimiento…»
Hay otra formulación particularmente reveladora:
«La vara subjetiva siempre se impondrá a la hora de juzgar.»
Y añade:
«A veces el crítico exagera. Olvida la impronta emocional del cine.»
Estas frases contienen, en buena medida, una declaración de principios. Beiro no concibe la crítica como una operación fría de clasificación de películas. Reconoce la subjetividad, la emoción y la experiencia personal del espectador como elementos inevitables del ejercicio crítico.
Por eso, Desde la última butaca puede leerse no solamente como una colección de críticas cinematográficas, sino como un autorretrato intelectual: allí está el periodista que observa, el cinéfilo que se emociona y el escritor que procura convertir esa experiencia en palabras.
Un caso aparte en el periodismo cultural

Luis Francisco Beiro Álvarez nació en La Habana, Cuba, en 1950.
Es periodista, escritor, editor, crítico cinematográfico y abogado. Desde 1992 reside en la República Dominicana, donde ha desarrollado una prolongada trayectoria profesional y se ha integrado profundamente a la vida cultural y periodística del país.
En Cuba se graduó de Derecho en la Universidad de La Habana en 1975. Desde joven cultivó la poesía y obtuvo premios y menciones en concursos literarios.
Su trayectoria profesional comenzó vinculada al Derecho y a organismos estatales cubanos. Trabajó como asesor jurídico en áreas relacionadas con precios y posteriormente pasó a la Dirección Provincial de Cultura de Ciudad de La Habana.
Pero el cine y el periodismo cultural ya estaban presentes.
En 1979 ingresó en la Empresa Exhibidora de Películas de Ciudad de La Habana, donde trabajó como asesor jurídico y redactor de la revista Cineguía.
Posteriormente estuvo vinculado a la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), donde participó en publicaciones, actividades culturales y proyectos internacionales.
Su relación con el periodismo también se fortaleció en esos años.
Beiro ha explicado que su relación periodística con el cine comenzó en La Habana durante los años setenta y continuó posteriormente en Santo Domingo.
En un artículo publicado en Listín Diario escribió:
«Por eso escribo de cine. Comencé en La Habana de los años setenta.»
La frase resulta importante porque permite comprender que cuando llegó a República Dominicana no comenzaba una carrera cinematográfica: traía consigo una experiencia previa de varias décadas de contacto con el cine, la literatura, la edición y el periodismo cultural.
De Cuba a República Dominicana
Antes de establecerse definitivamente en el país, Beiro había visitado República Dominicana en 1989, invitado por Radio Santa María y la Universidad Tecnológica del Cibao para impartir asesorías y cursos relacionados con la décima popular.
En 1990 comenzó a trabajar en Radio Habana Cuba y posteriormente salió definitivamente de Cuba.
En 1992 se estableció en República Dominicana.
Su carrera dominicana ha tenido una característica particular: no se ha limitado al periodismo diario. Paralelamente, ha trabajado como editor, escritor, investigador, crítico de cine y formador de periodistas.
Entre 1992 y 1993 fue gerente de publicaciones de Editorial Argumentos y posteriormente encargado de prensa de la Academia Nacional de Béisbol Campo Las Palmas.
También formó parte del equipo fundador del Diario Electrónico Dominicano (DEDOM), uno de los primeros proyectos de periodismo digital del país, impulsado por Silvio Herasme Peña y Luis Eduardo Lora.
En 1996 se incorporó al equipo fundador del vespertino La Nación, donde creó y dirigió suplementos culturales como Tertulia y Lectura de Domingo.
Posteriormente, realizó trabajos editoriales y de corrección de estilo, incluyendo labores para el Grupo Santillana, y dirigió entre 2002 y 2007 la revista literaria Mythos.
Luis Beiro y Listín Diario
Su vínculo con Listín Diario constituye una de las etapas fundamentales de su trayectoria dominicana.
En 2000 pasó a desempeñarse como editor de Cultura del periódico. Desde entonces su firma ha estado asociada a la cobertura de literatura, cine, artes visuales, teatro, cultura dominicana y latinoamericana, además de entrevistas a escritores y artistas y, naturalmente, crítica cinematográfica.
En 2026 se cumplen 26 años de su vínculo profesional con Listín Diario.
Su permanencia durante más de un cuarto de siglo en un mismo medio constituye, por sí sola, un dato significativo dentro de un periodismo caracterizado por la movilidad profesional.
Pero hay algo más.
Beiro ha sido durante años una de esas figuras que trabajan mucho y hablan poco de sí mismas. Su presencia en el periódico ha sido constante, mientras su nombre ha circulado entre escritores, cineastas, artistas, estudiantes y periodistas que han encontrado en él un interlocutor y, muchas veces, un orientador.
Ahí aparece una de las claves de su personalidad profesional: el magisterio sin estridencia.
El maestro sin ínfulas de maestro
Esta es, quizá, una de las dimensiones menos visibles y más importantes de Luis Beiro.
Es un maestro sin necesidad de proclamarse como tal.
Su magisterio ha sido fundamentalmente práctico. Durante años ha trabajado con jóvenes periodistas y pasantes en Listín Diario, transmitiéndoles conocimientos del oficio mediante la revisión de textos, la conversación, la corrección, la exigencia y el ejemplo cotidiano.
Desde 2006 ha estado vinculado a la coordinación del programa de pasantías Periodista por un Año de Listín Diario, destinado a incorporar estudiantes universitarios al ejercicio profesional.
De ahí surge también el afecto con que numerosos periodistas dominicanos lo identifican como «Papá Beiro».
El dato trasciende la anécdota.
Una parte de su legado no está en sus libros ni en sus artículos, sino en los periodistas que ayudó a formar y que posteriormente desarrollaron carreras en distintos medios de comunicación.
Hay maestros que enseñan desde una cátedra.
Beiro ha enseñado desde una mesa de redacción.
El escritor detrás del periodista
Beiro no es únicamente periodista.
Su bibliografía comprende poesía, narrativa, ensayo, crítica literaria, investigación, antologías, crónicas y entrevistas.
Entre sus obras figuran El mundo que nos rodea, La carnada en el anzuelo, Loco de azul, Desde la última butaca, Luyanó, Jugar a Dios, Los elegidos de Miranda, Cine coreano: otro milagro del Río Han, Saturno reina en todas partes, Libro de Luis Ernesto y Antihéroes, entre otras.
Su novela La carnada en el anzuelo fue publicada inicialmente en 1998 y posteriormente tuvo una edición dominicana.
También ha desarrollado una importante producción poética.
Su relación con el cine produjo, además, Cine coreano: otro milagro del Río Han, obra auspiciada por la Embajada de Corea y dedicada al desarrollo de la cinematografía de ese país.
Su actividad como crítico estuvo igualmente vinculada al Festival Internacional de Cine de Santo Domingo, donde se desempeñó como asesor.
Una trayectoria reconocida
Entre sus principales reconocimientos figura el Caonabo de Oro de 2000, concedido por su trayectoria periodística.
También recibió el Premio al Mérito Periodístico de Acroarte en 2022.
A estos reconocimientos se suman otras distinciones otorgadas por instituciones culturales dominicanas.
Pero hay una forma distinta de medir su trayectoria.
No está solamente en las placas, diplomas o premios.
Está en la permanencia de su firma.
Está en los lectores que durante años han buscado sus textos.
Está en los periodistas que pasaron por su orientación.
Está en los escritores y artistas entrevistados.
Está en los cinéfilos que reconocen su mirada.
Y está, particularmente, en esa conversación silenciosa que un periodista establece durante décadas con sus lectores.
La soledad de un maestro
Aquí aparece el elemento que da título a esta reflexión: la gran soledad de un maestro del periodismo cultural.
No se trata de una soledad física.
Es otra.
Es la soledad del periodista cultural que durante décadas ha trabajado mientras el sistema mediático ha reducido progresivamente los espacios para la crítica, la reflexión y la escritura cultural profunda.
Es la soledad del profesional que conoce una cantidad extraordinaria de historias, películas, libros, escritores y artistas, pero que pertenece a una época en que el periodismo cultural tenía más espacio para detenerse, observar y explicar.
Luis Beiro pertenece a esa estirpe.
Su noble silencio no significa ausencia.
Significa, más bien, una forma de estar.
Trabajar.
Escribir.
Orientar.
Leer.
Corregir.
Acompañar.
Y continuar.
Un cubano profundamente integrado a la cultura dominicana
Hay otra característica esencial en el perfil de Luis Beiro Álvarez.
Es un cubano que se integró profundamente a la vida cultural dominicana sin abandonar la experiencia que traía de Cuba.
Su trayectoria puede observarse en dos grandes períodos.
Cuba (1950-1992): formación jurídica, poesía, literatura, cine, periodismo cultural, UNEAC, publicaciones y experiencia editorial.
República Dominicana (1992-2026): periodismo, edición cultural, crítica cinematográfica, literatura, investigación, formación de periodistas y creación literaria.
Pero esas dos etapas no se excluyen.
Se complementan.
El hombre que llegó a Santo Domingo trajo consigo una memoria cultural cubana que terminó dialogando con la experiencia dominicana.
Volver a la última butaca
Por eso resulta pertinente volver a Desde la última butaca.
El título tiene algo de declaración personal.
La última butaca es un lugar desde donde se observa.
No necesariamente desde el centro.
No necesariamente bajo los reflectores.
Desde allí se mira la pantalla, pero también se mira al público.
Se observan los personajes, los conflictos, los gestos y las luces.
Beiro ha hecho algo parecido durante décadas con el periodismo cultural: observar desde una distancia prudente para luego escribir lo que ha visto.
Su crítica cinematográfica no pretende eliminar la emoción.
Al contrario.
La reconoce.
Su propia frase lo confirma:
«La vara subjetiva siempre se impondrá a la hora de juzgar.»
Esa declaración explica buena parte de su escritura.
Porque el cine no es solamente técnica.
Es memoria.
Es emoción.
Es cultura.
Es historia.
Es ideología.
Es imaginación.
Es vida.
Y quien escribe sobre cine termina, inevitablemente, escribiendo también sobre sí mismo.
El mensaje de Beiro
Al concluir la actividad en la Cinemateca Dominicana, Luis Beiro Álvarez hizo llegar un mensaje a los asistentes:
«Muchas gracias e infinitas por asistir a la tertulia programada por la Cinemateca Dominicana sobre mi libro Desde la última butaca (1994). Si la salud me acompaña, tengo previsto publicar otro a principios de año sobre 20 películas raras de la historia del cine. Ojalá pueda complacer a los cinéfilos amigos. Pero todo depende de mi maltrecho estado de salud. Luis Beiro Álvarez.»
El mensaje contiene una ironía conmovedora: un hombre que ha dedicado buena parte de su vida a hablar del cine todavía piensa en escribir sobre veinte películas más.
Esa es quizá la imagen que mejor resume a Luis Beiro.
Un periodista cultural que sigue mirando la pantalla.
Un escritor que continúa pensando en el próximo libro.
Un maestro que probablemente nunca se ha considerado maestro.
Y un hombre que, desde aquella simbólica última butaca, ha pasado buena parte de su vida observando el mundo para contárnoslo.

