Para los días que corren, quién sabe si casualidad o caprichos del destino, es mucha la gente apreciada, amada y valiosa, que ha dejado este mundo.
La muerte es inexorable.
Nunca deja de llegar.
Ya se sabe. Es el único destino cierto e invariable que a todos nos espera. Pero no nos acostumbramos a esta verdad.