Oviedo, el dibujante. (Crítica de libros)
Otro hito editorial que muestra el potencial temático y técnico del país para producir libros presentables con dignidad y orgullo en cualquier feria del libro del mundo.
SANTO DOMINGO.– La edición de Oviedo, dibujante —retrospectiva de dibujos— pone de relieve la base del dominio del dibujo en la obra del maestro y evidencia que esta modalidad gráfica no es necesariamente el destino final de la obra, pero sí un elemento esencial para su concreción plástica.
En Ramón Oviedo, como en muchos otros creadores visuales, el dibujo facilita el proceso de la obra y constituye, simultáneamente, uno de sus grandes instrumentos de libertad creativa. El lanzamiento del libro se produjo en el marco de la exposición Oviedo, vigencia de un maestro, en Autozama. La muestra reúne 51 piezas entre pinturas, dibujos, esculturas y objetos personales, y la presentación del libro puso de relieve una faceta específica de su producción artística.
Separar la obra muralística terminada de la base de dibujo que la sustenta sirve para descubrir un talento que dominaba las líneas, los ángulos, los grosores y las perspectivas desde el blanco y negro inicial.
El libro, que resume la labor de dibujante de Oviedo, producido como un perfecto cuadrado de diez pulgadas por lado, impresiona por su tamaño, la terminación de su diseño y la limpieza impecable de su impresión, responsabilidad de Editora Corripio, una de las casas editoriales de mayor calidad en la producción de libros en República Dominicana.
Un dibujante antes que un pintor
Ramón Oviedo fue, además de pintor y muralista, dibujante, dibujante publicitario, diseñador y artista gráfico. Su formación temprana estuvo vinculada a oficios eminentemente gráficos. Comenzó su carrera profesional trabajando con el artista puertorriqueño Reynaldo Muñiz, de quien aprendió técnicas de rotulación, diseño de vallas y letreros.
Posteriormente ingresó a la Comisión de Límites Geográficos de la República Dominicana, actual Instituto Cartográfico Militar, donde elaboró manualmente mapas geográficos del territorio dominicano. El Centro León registra, además, que estudió esta especialidad en una escuela norteamericana ubicada en la zona del canal de Panamá.
Mucha gente desconoce que, durante los tiempos iniciales de la revista ¡Ahora!, Oviedo realizaba portadas a partir de las orientaciones que le proporcionaba su director, Rafael Molina, produciendo obras apoyadas en el dibujo.
Oviedo tuvo la sensibilidad natural de quien podía dibujar y, al mismo tiempo, la experiencia de quien hizo del dibujo un oficio: fotograbador, cartógrafo, rotulista, publicista y, finalmente, pintor.

Su relación con el dibujo, por tanto, no fue circunstancial. Él mismo declaró en una entrevista publicada por elCaribe en 2014: «Tengo el poder por naturaleza de dibujar y pintar». En esa conversación también se le identifica como uno de los principales pendolistas de su tiempo y se recuerda su trabajo en rótulos y otras manifestaciones gráficas.
En otra entrevista, publicada ese mismo año, Oviedo explicó que desde niño dibujaba con los papeles y lápices que sobraban a su padre, quien era dibujante de planos. También recordó su trabajo en oficinas de planos y mapas antes de decidir, en 1974, dedicarse exclusivamente a la pintura.
El dibujo de Oviedo no era solamente «dibujar bonito». Con la limpieza diestra de la mano alzada. No. El dibujo de Oviedo, a partir de la observación de sus piezas, deja una admiración total por el manejo de la línea, la proporción, la estructura, la síntesis y el volumen. Pero, en Oviedo, la línea llegó a convertirse en un instrumento de pensamiento plástico.
La crítica sobre su obra ha señalado precisamente el virtuosismo de sus dibujos anatómicos y la relación entre dibujo, forma y pintura. Marianne de Tolentino, por ejemplo, ha destacado las «distorsiones de formas» sustentadas en el virtuosismo de sus dibujos anatómicos.
Muchas de sus pinturas tienen esa extraordinaria fuerza de las figuras, aun cuando la imagen termina alejándose de la representación académica convencional.
El Museo Bellapart ha descrito su obra como resultado de una búsqueda permanente de formas y lenguajes, en diálogo tanto con la tradición como con las vanguardias. En ese proceso, Oviedo estudió y asimiló influencias diversas hasta desarrollar un lenguaje propio.
¿Puede un gran pintor no ser un gran dibujante?
La trayectoria de Oviedo es interesante precisamente porque combina una disposición natural hacia el dibujo con una larga experiencia práctica. Fue un artista autodidacta cuya formación ocurrió fundamentalmente mediante el trabajo, la observación, el estudio y la experiencia.
El autodidactismo no significó ausencia de formación. Por el contrario, su trayectoria profesional lo puso en contacto con disciplinas que exigían precisión, observación y dominio de la forma: la rotulación, el diseño, la cartografía, el fotograbado y la publicidad. El Centro León documenta esas etapas de su formación profesional.
Pero hay un aspecto particularmente revelador: el dominio del dibujo no obligó a Oviedo a permanecer permanentemente figurativo. Precisamente porque conocía profundamente la anatomía y la estructura de las formas, pudo deformarlas creativamente para convertir la línea en signo y la figura en expresión.
En Oviedo, antes que el gran pintor estuvo el gran dibujante. Sus dibujos permiten examinar el tránsito entre la observación y la imaginación, entre la anatomía y su deformación expresiva, entre la línea que describe y la línea que interpreta.
La lección del libro
Esta es, finalmente, la gran lección que deja Oviedo, dibujante: el libro permite poner en manos de mucha gente una dimensión del maestro que durante años permaneció subordinada a la celebridad de su pintura y su muralismo.
El dibujo no fue en Oviedo un simple ejercicio preparatorio ni una etapa juvenil superada. Fue una forma de pensar la imagen, una herramienta de construcción y una disciplina que acompañó su trayectoria artística.
Por eso, este libro adquiere un valor que probablemente crecerá con el tiempo. Su importancia no está solamente en divulgar dibujos que quizá no habían tenido la exposición que merecían, sino en permitir que nuevas generaciones puedan estudiar el fundamento de una obra pictórica y mural que ha marcado la historia del arte dominicano.
Oviedo, dibujante, nos recuerda que, detrás de muchas grandes pinturas, existe una mano que primero aprendió a mirar, medir, sintetizar y construir. En Ramón Oviedo, esa mano no desapareció cuando llegó el color: el dibujo siguió viviendo dentro de la pintura.
Y esa puede ser una de las claves para comprender por qué, tantos años después de su desaparición física, Ramón Oviedo continúa revelando nuevas dimensiones de su maestría.
Ficha técnica:
Oviedo, dibujante. Coordinación: Marianne de Tolentino, Amanda Martínez, Mario Martínez y Omar Molina. Diseño y diagramación: Guillermo Beltrél. Fotografías: Mariano Hernández. Textos: Marianne de Tolentino, Salvador Bergés, Mario Martínez y Omar Molina. Citas y comentarios críticos: Armando Álvaro Bravo, Miguel Ángel Muñoz, Plinio Chaín, Danilo de los Santos, Delia Blanco, Laura Gil, Luis Eduardo Aute, Efraim Castrillo, Jeannette Miller, José Gómez Sicre, Octavio Paz y Oswaldo Guayasamín. Impresión: Editora Corripio. Agradecimientos: Fundación Ramón Oviedo, Mario Martínez, Lois Snelders, Omar Molina, Dirección General de Bellas Artes y Galería Nacional de Bellas Artes.

