Nadine Sierra, Xabier Anduaga y Molina, en una noche excepcional de canto y música

La soprano Nadine Sierra y el tenor Xabier Anduaga, con Orquesta Sinfónica Nacional bajo la dirección de José Antonio Molina, ofrecieron en el Teatro Nacional una gala de extraordinaria exigencia vocal y musical, recorriendo la ópera, el bel canto, la zarzuela y el teatro musical estadounidense.

Fotos de David Soto

SANTO DOMINGO.— La noche se anunciaba como preludio de algo distinto. Había razones para esperarlo: dos voces de extraordinaria proyección internacional, una orquesta de referencia y un director como José Antonio Molina, capaz de establecer un diálogo permanente entre la partitura, los cantantes y el conjunto sinfónico.

La memoria de la mujer que impulso Fundación Sinfonía, Margarita Copello, pudo sentirse en el fruto de su labor: ella tuvo la idea de producir este espectáculo en el cual la voz y el instrumento, se ha perpetuado. A un ano de su partido, se le sentía presente en todo aquello.

La expectativa era alta y estaba plenamente estaba justificada.

Fotos: David Soto

La Fundación Sinfonía y la Fundación Amigos del Teatro Nacional presentaron la Gala de Grandes Intérpretes “Margarita Copello de Rodríguez”, en homenaje a quien fuera cofundadora y presidenta de honor de Fundación Sinfonía. Lo ocurrido finalmente el viernes 21 de agosto, en la Sala Carlos Piantini del Teatro Nacional, confirmó que la espera había valido la pena.

La presentación contó  con el patrocinio de (Platino):Banco Popular (Oro Central Romana, Fundación Corripio; Lanco; (Oro)L Embajada de España en RD y Grupo Propagás; (Plata): Amadita Memoria, Banco BDI, Banco López de Aro, Banreservas y Banco Santa Cruz; (Bronce) Caribbean Cinemas), Grupo Rica, Ministerio Obras Públicas y Visa.

La soprano estadounidense Nadine Sierra y el tenor vasco Xabier Anduaga, acompañados por la Orquesta Sinfónica Nacional bajo la dirección de José Antonio Molina, ofrecieron en el Teatro Nacional una gala de extraordinaria exigencia vocal y musical, con un repertorio que recorrió la ópera, el bel canto, la zarzuela y el teatro musical estadounidense.

Un programa de gran exigencia

El programa fue concebido con criterio selectivo y recorrió diferentes territorios de la música vocal: ópera italiana y francesa, bel canto, zarzuela española y teatro musical estadounidense.

La apertura correspondió a Giuseppe Verdi, con el Preludio de La traviata, interpretado por la Orquesta Sinfónica Nacional.

¡Luego llegó Nadine Sierra con Ah! Je veux vivre, de Roméo et Juliette, de Charles Gounod, una pieza de especial lucimiento para la soprano.

¡El siguiente desafío fue para Xabier Anduaga, quien abordó Ah! Mes amis, quel jour de fête!, de La fille du régiment, de Gaetano Donizetti, en el papel de Tonio.

Aquí apareció uno de los momentos de mayor exigencia técnica de la noche: la célebre aria contiene los nueve famosos dos de pecho, uno de los grandes desafíos de virtuosismo del repertorio tenoril.

El bloque belcantista continuó con Caro Elisir… Esulti pur la Barbara, de L’elisir d’amore, de Gaetano Donizetti, interpretado por Nadine Sierra y Xabier Anduaga.

Después llegó uno de los dúos más populares de Giacomo Puccini: O soave fanciulla, de La bohème, con Sierra y Anduaga como Mimì y Rodolfo.

Fue uno de esos momentos en que la música deja de ser solamente exhibición técnica para convertirse en comunicación emocional.

La zarzuela cambió el color de la noche

La transición hacia la zarzuela española permitió modificar completamente el clima expresivo.

Se escuchó el Intermedio de Las bodas de Luis Alonso, de Gerónimo Giménez, seguido por ¡Flor roja!, de El barberillo de Lavapiés, de Francisco Asenjo Barbieri.

Después, Nadine Sierra interpretó Me llaman la primorosa, de El barbero de Sevilla, mientras Xabier Anduaga asumió No puede ser, de La tabernera del puerto, de Pablo Sorozábal.

La inclusión de zarzuela no fue un simple cambio de repertorio. Permitió apreciar otras posibilidades expresivas de los intérpretes, particularmente en la articulación del idioma español, la teatralidad y la relación entre línea melódica y texto.

Broadway como cierre

El programa formal concluyó con dos piezas vinculadas al teatro musical estadounidense.

La Orquesta Sinfónica Nacional ofreció la Obertura de Candide, de Leonard Bernstein, y posteriormente Sierra y Anduaga cerraron la parte oficial con Tonight, de West Side Story, también de Bernstein.

El dúo tuvo una particular sensualidad y complicidad escénica. No se trataba únicamente de cantar simultáneamente: ambos construyeron una relación dramática que permitió que las voces funcionaran como personajes y no solamente como instrumentos.

Los bises: cuando el público pide más

La noche, sin embargo, no terminó con el programa oficial.

Los intérpretes regresaron al escenario para una serie de piezas adicionales que terminaron convirtiéndose en la verdadera coronación emocional de la velada.

Xabier Anduaga ofreció Júrame, de la compositora mexicana María Grever, una de las canciones latinoamericanas más conocidas del siglo XX.

Nadine Sierra respondió con O mio babbino caro, de Giacomo Puccini, perteneciente a Gianni Schicchi, ópera de un acto que constituye la tercera parte del Trittico pucciniano.

Y para cerrar, ambos intérpretes recurrieron a una de las canciones napolitanas más famosas del repertorio: ‘O sole mio, con música de Eduardo di Capua y texto de Giovanni Capurro.

Fue allí donde la emoción colectiva alcanzó su máxima intensidad.

Pero… ¿qué fue distinto?

Esta pregunta merece hacerse.

La presentación de Fundación Sinfonía no fue simplemente otra gala de calidad indiscutible. Lo excepcional estuvo en la combinación de tres factores: dos intérpretes internacionales en plena madurez artística, una Orquesta Sinfónica Nacional particularmente integrada y un director que supo convertir la conducción en diálogo.

José Antonio Molina tuvo una noche especialmente significativa.

Su batuta no estuvo limitada a marcar entradas y tiempos. Hubo escucha, respiración, acompañamiento y una relación permanente con los solistas.

En determinados momentos parecía establecerse una conversación entre la orquesta y las voces: unas veces mediante el silencio, otras mediante la intensidad, y otras a través de esa delicada capacidad del director de permitir que el cantante sea protagonista sin abandonar nunca la arquitectura musical.

Molina consiguió, además, que la orquesta no funcionara como simple acompañamiento. La Orquesta Sinfónica Nacional tuvo presencia propia.

Sierra y Anduaga: una comparación imposible

La oleada de virtuosismo, musicalidad y fuerza interpretativa de Nadine Sierra y Xabier Anduaga llevó inevitablemente a algunos espectadores a formular una pregunta:

¿Cuál de los dos cantó mejor?

Es una pregunta comprensible, pero musicalmente poco útil.

No son comparables en términos de “quién tiene mejor voz”, porque pertenecen a categorías vocales diferentes.

Sierra es soprano y Anduaga, tenor. Sus instrumentos tienen distintas tesituras, registros, colores, zonas de mayor comodidad, mecanismos fisiológicos y exigencias técnicas.

Una soprano puede desenvolverse con naturalidad en determinadas notas agudas que para un tenor pueden representar el extremo superior de su registro. Del mismo modo, el tenor dispone de una zona media y grave que pertenece a una fisiología vocal diferente.

Por eso, la pregunta correcta no debería ser quién es mejor, sino:

¿Qué tan excepcional es cada uno dentro de las exigencias de su propia categoría vocal?

Y allí sí pueden establecerse criterios comunes.

Se puede valorar en ambos:

  • afinación;
  • belleza y calidad del timbre;
  • control respiratorio;
  • legato;
  • musicalidad;
  • dicción;
  • homogeneidad de los registros;
  • flexibilidad;
  • proyección;
  • dominio técnico;
  • interpretación estilística;
  • capacidad dramática;
  • resistencia;
  • expresividad;
  • comunicación emocional.

En este último aspecto, Nadine Sierra posee un recurso especialmente poderoso: una capacidad escénica que trasciende la emisión vocal y convierte la interpretación en comunicación directa con el público.

Pero eso no disminuye el extraordinario dominio técnico de Xabier Anduaga, particularmente evidente en el repertorio belcantista y en los extremos de su registro.

Como me comentó un maestro coral que prefirió mantener su nombre en reserva:

“Nadine Sierra y Xabier Anduaga representan dos naturalezas vocales diferentes que pueden ser evaluadas individualmente por el dominio de sus respectivos instrumentos y, conjuntamente, por la capacidad de crear equilibrio, contraste y diálogo musical”.

Es, probablemente, la manera más justa de definir lo ocurrido.

Dos carreras internacionales

Nadine Sierra

La carrera de Nadine Sierra comenzó muy temprano. Ingresó como artista joven en Palm Beach Opera y posteriormente se convirtió en la ganadora más joven, hasta entonces, de las Metropolitan Opera National Council Auditions. También obtuvo el Richard Tucker Award en 2017 y el Beverly Sills Artist Award del Metropolitan Opera en 2018.

Romeo y Julieta

Su trayectoria la ha llevado a escenarios como el Metropolitan Opera, Teatro alla Scala, Ópera de París y Staatsoper de Berlín. El Metropolitan la ha situado reiteradamente entre sus principales figuras, incluyendo su participación como Gilda en Rigoletto y otros papeles protagónicos.

Uno de los momentos más simbólicos de su trayectoria reciente fue su participación en la reapertura de Notre-Dame de París, donde interpretó La Marseillaise ante una audiencia internacional. Pero reducir a Sierra a ese episodio sería injusto: su carrera se sostiene sobre una combinación de técnica, musicalidad, presencia escénica y una personalidad artística cada vez más definida.

Xabier Anduaga

Xabier Anduaga, nacido en San Sebastián en 1995, representa una de las voces tenoriles españolas de mayor proyección de su generación. Su salto internacional tuvo uno de sus momentos decisivos en 2019, cuando obtuvo el primer premio del concurso Operalia, creado por Plácido Domingo.

Su carrera se ha desarrollado especialmente alrededor del repertorio belcantista, aunque su evolución vocal está ampliando progresivamente sus posibilidades hacia una vocalidad lírica de mayor cuerpo.

Su instrumento reúne luminosidad, agudos brillantes, facilidad para la coloratura, legato, control respiratorio y capacidad de proyección.

Precisamente ahí se encuentra uno de los aspectos más interesantes de su trayectoria: Anduaga ya no necesita demostrar que puede cantar el gran repertorio belcantista. Eso está suficientemente acreditado.

El desafío de su siguiente etapa es convertir ese extraordinario virtuosismo en una herramienta dramática cada vez más amplia, incorporando repertorios que demandan mayor densidad vocal y expresiva.

Por eso, más que una promesa, Xabier Anduaga es ya una realidad del circuito lírico internacional.

Una noche que debería sobrevivir al escenario

La Gala de Grandes Intérpretes demostró que Santo Domingo puede recibir artistas de la dimensión internacional de Nadine Sierra y Xabier Anduaga, y que la Orquesta Sinfónica Nacional, bajo una dirección como la de José Antonio Molina, puede estar a la altura de acontecimientos de esta magnitud.

Pero precisamente por eso queda una reflexión pendiente.

El rictus del arte: José Antonio Molina dirigiendo la OSN. Foto de David Soto

Un concierto de esta categoría no debería morir cuando se cierran las puertas del Teatro Nacional.

El público que pudo pagar una entrada y ocupar una butaca tuvo el privilegio de vivirlo directamente. Pero miles —quizás cientos de miles— de dominicanos quedaron fuera de esa experiencia.

Por ello, sería deseable que Fundación Sinfonía, el Teatro Nacional, la Orquesta Sinfónica Nacional, los medios de comunicación y la televisión dominicana desarrollen mecanismos para que estas grandes presentaciones puedan ser grabadas profesionalmente y difundidas posteriormente por televisión abierta, televisión cultural y plataformas digitales y redes sociales.

No se trata de sustituir la experiencia presencial. Al contrario: se trata de multiplicarla.

La cultura también se democratiza cuando un niño de un barrio, un joven estudiante de música, una familia que no pudo comprar una entrada o un dominicano residente fuera del país puede acceder posteriormente a la grabación de una noche como esta.

La gala de Nadine Sierra, Xabier Anduaga, José Antonio Molina y la Orquesta Sinfónica Nacional merece, por tanto, una segunda vida.

El escenario terminó; la experiencia no debería terminar con él.

Página oficial de :

https://nadinesierrasoprano.com/

https://askonasholt.com/artist/xabier-anduaga

Fundación Sinfonía,

Teatro Nacional Eduardo Brito

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