Solo controlo mi café (Editorial)
La mayor parte de las presiones que actúan sobre cada quien obedecen a factores que no controlamos, no gestionamos, no generamos ni influimos.
En realidad, son pocas las situaciones sobre las cuales tenemos un control pleno: aquellas donde podemos decidir el cómo, el cuándo, el porqué y el hasta dónde.
Dicho de otro modo, nos afectan condiciones creadas desde litorales ajenos a nuestra voluntad, y aun así nos presionamos por sentir su peso y sus consecuencias. Nada más vano, innecesario y accesorio: no podemos dominar lo que no hemos creado.
No se trata del abandono a lo que pueda llegar. Y para nada abogar por por ser estoico.
No se trata del clásico «Si tu mal tiene cura…» No.
El llamado a adoptar siempre una actitud activa, contestataria.
A lo sumo, podemos tolerar, moderar, mejorar y soportar con una noble sonrisa de paciencia disfrutada. Claro está, sin que ello implique renunciar a luchar por superar las dificultades ni dejar de aspirar a sentirnos mejor, pero con plena conciencia de la fuente de la cual proviene todo.
Por eso he llegado a una conclusión tan simple como contundente: solo tengo control sobre el café que me preparo cada día. Es la única circunstancia que puedo definir, perfilar y comprender en su totalidad: sé lo que puedo y no puedo hacer para que el resultado sea el esperado.
Todo lo demás —la vida, los demás, el mundo— requiere apenas de resistencia y fe.


Querrás decir que abracemos lo inevitable?