Amadeo Julián: Habla un escritor premiado…
El ganador del Premio Feria del Libro Eduardo León Jimenes 2025 analiza la relación entre Historia y Economía. No es un nombre que busque titulares, pero accedió a una entrevista que fuera por escrito.

De hablar lento y marcado, Amadeo Julián es un hombre abierto al diálogo. Pero advierte que no es mediático, que no aspira a llamar la atención, aunque el haber ganado el Premio Feria del Libro Eduardo León Jimenes 2025, con el ensayo Economía, circulación monetaria, población y Real Hacienda en Santo Domingo en los siglos XVI, XVII y XVIII, publicado en 2024 por el Archivo General de la Nación, ha significado un acontecimiento literario, con el riesgo de pasar inadvertido, sepultado por los ríos de tinta sobre determinada “palmita ganadora” en el evento nacional de artes visuales, la agitada vida política, las denuncias de corrupción, la Casa de Alofoke y las novedades promisorias en el cine dominicano.
Le solicitamos una entrevista. Nos llamaba la atención su personalidad, la conjunción de disciplinas profesionales y vocaciones en su vida: docencia, escritura, historia, ejercicio del derecho —desde lo privado y como servidor público— y la planificación económica. Y quisimos entenderlo…

JRS: ¿Qué tiempo en total le tomó recabar la información para escribir el ensayo Economía, circulación monetaria, población y Real Hacienda en Santo Domingo en los siglos XVI, XVII y XVIII, publicado en 2024 por el Archivo General de la Nación?
AJ: Es difícil calcular el tiempo empleado en una investigación, ya que esta implica, en mi caso, viajes a España, trabajo en archivos españoles, todo en función de las posibilidades económicas, aprovechando alguna beca o invitación a algún curso en una universidad o institución académica, asistir a un seminario o congreso internacional y, paralelamente, usar el tiempo disponible para realizar investigaciones sobre un tema específico o, en general, revisar y fotocopiar o microfilmar y, en fin, copiar a lápiz documentos para otros temas de historia de Santo Domingo que van apareciendo. Después, al regresar al país, comienza el proceso de organizar todo el material recabado, lo que implica transcribir la parte de la documentación que se encuentra en fotocopias, microfilm o notas manuscritas en fichas; y, tras organizar todo ese material, redactar el plan con sus diferentes epígrafes o subtítulos, para finalmente desarrollar los estudios y ensayos propuestos.
A veces la redacción se hace con documentación que uno ha ido organizando durante varios años. En el caso del libro de referencia, la redacción llevó varios años, pero su terminación la realicé en unos tres o cuatro, medidos desde la primera versión hasta la que sometí al AGN, culminando con la edición uno o dos años después.
JRS: ¿Cuáles archivos del exterior visitó para compilar los datos de su libro ganador?
AJ: De acuerdo con las fuentes documentales, que figuran en cada uno de los capítulos —citadas al pie—, y los legajos de los cuales se extrajo esa documentación, que aparecen al final de cada capítulo, proceden, principalmente, del Archivo General de Indias, Archivo General de Simancas, Archivo Histórico Nacional de Madrid y la Biblioteca Nacional de España.

JRS: ¿Por qué el abogado, historiador y con estudios en planificación económica se inclina por la historia económica y no por otra área? ¿No es un tanto estéril o aburrido, o cuesta arriba eso de la “historia económica”? ¿No es más difícil conseguir la información?
AJ: Ese concepto de la historia económica es muy superficial y lo hace depender de las satisfacciones o del estado de ánimo del sujeto que se dedica a ella, por lo cual es eminentemente subjetivo y, por lo tanto, diametralmente opuesto a la práctica y ejercicio que pueda tener cualquiera que se dedique a este campo. Si hay una disciplina científica con capacidad para dar respuesta a los problemas fundamentales de la realidad social, explicando sus causas y proponiendo las soluciones procedentes, es la historia económica.
Si partimos de que la Historia es la ciencia social más rica en determinaciones y, según algunos grandes científicos sociales, la única ciencia social, la historia económica se beneficia de las teorías y metodologías de la ciencia histórica, al tiempo que también aprovecha las de la ciencia económica: la posibilidad de medir y calcular los problemas económicos y proponer objetivamente sus soluciones mediante proyectos basados en una teoría y metodología científica.

Entre 1994 y 1996 trabajé en varios temas que dieron como resultado el libro Bancos, ingenios y esclavos, premiado hace precisamente 27 años con este mismo galardón de la Fundación Eduardo León Jimenes. Además, he publicado en muchas páginas de revistas académicas artículos y ensayos sobre diferentes temas.
Mi libro Bancos, ingenios y esclavos en la época colonial debe su título, principalmente, a uno de los trabajos incluidos que trata del Ingenio de Boca de Nigua y la rebelión de sus esclavos en 1796. En 1976, con motivo del bicentenario de esa rebelión, redacté ese ensayo y ofrecí una conferencia en el lugar donde se encuentran las ruinas de dicho ingenio, con lo cual la Academia Dominicana de la Historia celebró el acontecimiento.
En 1997 se publicó el libro, que incluía algunos ensayos de temas diversos, con los cuales había participado y ganado el Premio Nacional de Historia en 1996.

Mi inclinación por la historia económica tiene que ver, posiblemente, con que desde 1966, antes de graduarme de abogado, trabajé en la Oficina Nacional de Planificación. Después de hacer un curso de planificación en 1967 —con profesores del Instituto Latinoamericano de Planificación Económica y Social (ILPES), con sede en Santiago de Chile— fui escogido para estudiar becado en dicho instituto, de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), donde cursé Planificación Económica General. Ese mismo año (1967) me gradué de abogado. No soy economista. Soy científico de la relación entre historia y economía. La historia económica combina conocimientos de ambas ciencias y logra el mayor grado de explicación de los procesos sociales.
El Derecho es también una ciencia social, con su propio objeto y métodos, pero articulada con las demás para comprender la totalidad de la realidad.
JRS: Muchas gracias por este tiempo que nos ha dedicado.
AJ: El agradecido soy yo, José Rafael. Hay un dato que no sé si recuerdas: en 1998 escribiste una reseña sobre mi libro Bancos, ingenios y esclavos, premiado entonces, y la titulaste: Amadeo Julián gana en justicia el premio de la Feria del Libro. No olvidaré ese gesto profesional.

