El altísimo valor del buen teatro: El Precio

El Precio es una de esas obras que justifican todo el esfuerzo por acudir a cualquier precio, a una sala. Exquisita la experiencia y notable el criterio tanto para seleccionar el texto dramatúrgico como el empeño tan profesional de sus talentos. Hay que tratar de verla en su segundo y final fin de semana en Sala Ravelo.
Original de Arthur Miller, nacida de una de las máximas firmas dramatúrgicas del Siglo XX, es una de esas experiencias teatrales que producen en el publico la interrogante: ¿Apreciamos el esfuerzo de estos cuatro intérpretes y esta directora que tuvieron que ensayar durante semanas, para regalarnos un suceso teatral de primera magnitud en el marco del desarrollo de la escena nacional?
La obra desarrolló sus funciones de primera semana en Sala Ravelo, (ahora se encamina a su segundo y final fin de semana) con la producción de Dunia De Windt, la dirección estilizada y aguda de Indiana Brito y un recital de cuatro actuaciones totalmente puntuables: Elvira Taveras, Mario Lebrón, Jose Roberto Díaz y Omar Ramírez, dejando en la garganta y en la mente, el sabor de lo bien disfrutado.

El Precio, original de Arthur Miller, nacida de una de las máximas firmas dramatúrgicas del Siglo XX, tiene un alto perfil como espectáculo teatral.


Elvira Taveras, (Esther) esta exquisita y convincente, como la esposa alcohólica de uno de los hermanos y entrega una de esas actuaciones que se recuerdan con fidelidad y buen agrado.
Mario Lebrón, (Víctor) el personaje central de la historia de hermanos distanciados por valores y efectos y reencontrados por la distribución de una herencia, es verosímil y visceral. Su desempeño es noble y discurrente.
Jose Roberto Diaz (Walter) muestra todo un manual de teatro en la apropiación de un personaje. Fiel, creíble en dominio de sus emociones, esta magistral.
Omar Ramírez, (Salomón) el personaje tragicómico del montaje se sabe con un desafío actoral superior al encarnar un personaje de misión como contrapeso y de referencia social ante la tirante relación de los hermanos y la esposa. Sabe ser cómico y cruel con el escrutinio de ganancias y especulativas condiciones.

El arco emotivo que describen los cuatro personajes dibuja con trazos certeros las personalidades y sus conflictos, gracias a la maestría de Arthur Miller.
La escenografía (Liliana Soto) es otro de los logros, al recrear a la perfección un vetusto y casi abandonado apartamento de clase media empobrecida, en el New York de la década de los años sesenta. El criterio para el vestuario indica el respeto que se tiene en el país por el teatro de época.

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