Soledad Álvarez, poeta, ensayista y editora, una vez pasada la emoción del anuncio del Premio Nacional de Literatura, el pasado martes 26 de enero, ha confesado sus verdades literarias, sus rituales para escribir y sus pareceres sobre su generación literaria.

Aun no se ha definidor la fecha de entrega de su premio debido a que Fundación Corripio espera las mejores condiciones respecto de la pandemia, para que se pueda producir en el Teatro Nacional.

Esta fue la conversación con la escritora:

JRS, ¿Podrías describirnos tu experiencia como parte de tu generación literaria?

Inicié mi actividad literaria a finales de la década del 60. Una adolescente, pero de ojos muy abiertos en el tiempo de las luchas por una sociedad más justa, de los movimientos libertarios y estudiantiles, de las consignas que proclamaban la necesidad de concebir lo imposible. Pertenezco, pues, a la generación trágica de las utopías. Tantos amigos asesinados, tantos perdidos en el voluntarismo y la frustración por el fracaso de la izquierda. Tanto horror. Pero también una generación privilegiada, de mujeres y hombres de corazón limpio, dispuestos a dar hasta la vida por sus ideales. Mi generación conoció la dictadura trujillista, la lucha por la democracia, el terror de los doce años; y después otras ilusiones, la democracia defectuosa, la apertura del país, las llamadas modernización acompañada de una mayor desigualdad y brecha social, el desvarío de las tecnologías… tantas cosas han pasado, tanta historia todavía viva. En mi libro Autobiografía en el agua intenté recrear algunos de los acontecimientos de mi generación que me marcaron, entre otros los asesinatos de Orlando Martínez y Orlando Mazara, la represión, la bohemia, la empecinada esperanza en el amor, la posibilidad de la plenitud, la experiencia de la belleza.

JRS. ¿Qué es para ti la poesía como forma existencial de vivir?

La poesía no es solo una experiencia estética, el más alto modo de expresión verbal. La poesía es una forma de conocimiento. Quienes escribimos, leemos poesía y vivimos para ella sabemos que es presencia vital, por momentos tan intensa que llega a sentirse presencia física. Lo peor es cuando parece alejarse y entonces nos asomamos al vacío. La poesía es una manera de estar en el mundo, una forma de vida, como decía Saint John Perse, una forma de resistencia, dije alguna vez.

JRS ¿A qué hora escribes, ¿cuáles son los rituales para hacerlo?

SA. Mi relación con la literatura es agónica porque lamentablemente no puedo dedicarme exclusivamente a la literatura. Me ocupan tiempo las obligaciones de trabajo, las tareas de la casa y los compromisos sociales. Pero cada día dedico tres o cuatro horas a escribir o leer, cuando puedo por las mañanas, más frecuente en las tardes. El ritual es subir las escaleras del apartamento, sentarme en el escritorio frente a la computadora, quitarme los zapatos, muchas veces prender velas aromáticas, a veces una vara de incienso… No sé si llego a tener la “habitación propia” a la que se refirió Virginia Woolf.

JRS. ¿Por qué no eres una escritora que se ve en grupos de escritores en tertulias, y haciendo vida colectiva?

SA- En diferentes momentos de mi vida he participado con mucha ilusión en proyectos culturales con el propósito de ayudar a crear espacios de pensamiento, de diálogo, de apoyo a difusión de nuestra literatura. Recuerdo las tertulias que hace décadas realizábamos en el Centro Cultural Hispánico José Mármol y yo, la Asociación de Críticos Literarios, la Casa del Escritor, algunos intentos de proyectos editoriales, y más recientemente mi participación, junto a José Rafael Lantigua y Minerva del Risco, en la Comisión Asesora para la Participación de la República Dominicana en la 78 Feria del Libro de Madrid. Además, actualmente formo parte del Comité Organizador de la Semana Internacional de la Poesía. Es decir que, si bien valoro y cultivo el aislamiento y la soledad imprescindibles para el estudio y la creación, no dejo de participar en iniciativas colectivas que con seriedad y buena voluntad trabajen en beneficio de nuestra cultura.

JRS ¿Qué es lo que consideras más fundamental de tus ensayos?

SA. Así como la poesía es para mí pasión ––patior, padecere––, experiencia de alta intensidad emocional, a veces catártica, que culmina en el encuentro con la palabra, con esa “otra voz” que al decir de Octavio Paz es la del hombre que está dormido en el fondo de cada hombre –– revelación de lo sagrado––, el ensayo, género de ideas, es un paseo gozoso en múltiples direcciones, divagación en la que no importa tanto la meta como el recorrido, experiencia fascinante en tanto sin salir de una misma y sin renunciar a la subjetividad es ir al encuentro con el otro y con el mundo. Disfruto mucho el ensayo. Leer y escribirlo. Me encanta su libertad, su naturaleza bifronte, la asociación de ideas, dejarme llevar de la intuición después de tener sobre la mesa todos los elementos recopilados en la lectura y la investigación. A mi juicio lo fundamental en el ensayo es provocar en el lector el placer de la lectura, el diálogo con el autor. Estimular el pensamiento. Desde Montaigne a Pedro Henríquez Ureña, desde María Zambrano a Octavio Paz y Piglia el ensayo ha sido conversación a la vez que re-creación cercana a la poesía por el componente subjetivo y la relevancia del lenguaje. Con esos autores y otros en el altar, intento con humildad escribir bellamente lo que pienso, pasear gozosamente por el mundo o la literatura de la mano con la palabra.

JRS ¿Cuál libro de tu poesía te representa con más detalles?

SA Jaime Sabines se refirió alguna vez al “poeta ajeno de pudor”, aludiendo no solo a la presencia de quien escribe en el texto, y a los condicionamientos que a partir del concepto “autor” rodean la lectura ––de género, época, culturales, entre otros––, sino a lo que hay de exposición de sentimientos y experiencias en el más subjetivo de los géneros: la poesía. Pero ojo: sentimientos expuestos y narrativa no del autor, la persona que escribe el texto, sino del poeta, del escribiente a través de quien habla la lengua. En algún lugar alguna vez leí que no hay más tiempo que el de la enunciación, y que el poema es múltiple y eterno en tanto se crea cada vez en la lectura. Con esta reflexión quiero señalar la complejidad, dentro de la aparente simplicidad, de la pregunta. Soy y no soy lo que escribo, me representa a veces y a veces no, aunque acepto que algunos poemas han sido escritos con sangre.

JRS ¿Por qué nunca se te ha visto involucrada en polémicas o conflictos literarios?

SA. Ciertamente.  No recuerdo ninguna polémica o conflicto literario con nadie. Tampoco en otros espacios de la vida. Pero sí he tenido, como todos los seres humanos, divergencias y desencuentros, y como muchos otros he conocido la envidia y la mala fe. El mundo intelectual es una madeja de egos y de intereses futiles.

JRS ¿Qué se debería hacer para que la literatura sea un bien compartido, disfrutado por todas las generaciones?

SA. Compartir es hacer partícipe, entregar, en este caso un bien: la literatura, el conjunto de las producciones literarias de la nación. La literatura forma parte de la cultura, y como tal su conocimiento y goce es un derecho; pero como dijo Xirau, es una de las formas más altas de conciencia, una forma de conocimiento, por lo que no me parece inocente la indiferencia cuando no la hostilidad de muchos gobiernos hacia su difusión y cuidado. La ignorancia, la incapacidad de pensar y la insensibilidad ante la humanidad y la belleza son redituables al poder. ¿Qué hacer para que la literatura sea un bien compartido? Antes que nada, darla a conocer, enseñar a los jóvenes, desde la escuela, su conocimiento y disfrute, auspiciar y estimular la industria editorial, garantizar que el libro sea un bien al alcance de todos ––tal y como se hace con productos de primera necesidad––, establecer programas y proyecto que faciliten la investigación y la creación tanto dentro como fuera de la academia, crear espacios de publicación, los cuales han desaparecido casi en su totalidad en los últimos años. ¿Cómo puede subsistir una literatura sin editoriales, sin librerías (solo hay una o dos), sin críticos, sin estímulo?

JRS. Agradecemos la cortesía de tus respuestas.

SA, Siempre dispuesta a responder las inquietudes literarias que procuren transformar la literatura en un elemento cercano a las personas, que despierte inquietudes de muchos jóvenes que escriben para si mismos y necesitan de orientación y estimulo.

Por Jose Rafael Sosa

Periodista, escritor dominicano y origamista