La gran suerte de los artistas es que no mueren nunca totalmente, porque sus obras los mantienen vivos en la memoria colectiva.  No obstante, algunas muertes, sobre todo las de los artistas, nos marcan  de forma especial. Toda muerte duele. Toda. Pero algunas muertes nos resuenan más cerca por la fuerza de sus obras, realidad que los habrá de mantener frescos en la memoria.
La obra de José  Ignacio Morales queda ahora, infinita y presente en calles, en hoteles, en paseos municipales y en  residencias particulares, expresión de una labor de consagración al arte y a los sectores sociales más vulnerables, favorecidos por su metodología de capacitación/producción, a pesar de que sus restos fueron sepultados ayer en el cementerio de la carretera Romana-Higueral.

Tras tratarlo en lo personal durante 17 años, la sensación de que un artista de su calidad y actitud se ha marchado, es indefinible, en una sensación de pesar y dispersión vital, al ser testigos de las partidas de otros artistas esenciales:

  • Jenny Polanco (maestra diseñadora de moda)
  • Aquiles Azar (pintor fundamental de la plástica nacional) a finales de enero)
  • René Rodríguez Soriano, narrador y poeta (coronavirus), en marzo)
  • Bartolo Alvarado, (El Cieguito de Nagua), musico típico. (complicaciones respiratorias) mediados de abril
  • Iván Tobar (edema pulmonar crónico), el más internacional y prestigioso pintor dominicano.) en marzo.

El Artístico fue la suma de las mejores actitudes humanas: servicio, generosidad y sistemas creativos de la más alta estética y utilidad social.
Su principal aporte su fue actitud de amor por el desarrollo de la juventud en condiciones sociales de vulnerabilidad, capacitándola para el trabajo.  Morales, en  tanto empresario establecido, tuvo siempre su situación económica resuelta por la continua exigencia de sus obras, pero no le bastaba. Quería ayudar y para ello se preparó, montando la Fundación El Artístico, que impulsaba planes de formación técnica y artística en La Romana, y a la que asistían jóvenes de todas las regiones del país.

Su modelo de capacitación/producción, fue asimilado en varios países como modelo frente a la juventud de escasos recursos.
Cuando en 2007, la Asociación Dominicana de Prensa Turística (ADOMPRETUR) hizo nacional el Premio de Periodismo Turístico, (hasta entonces provincial para Puerto Plata) nos toco dirigirnos a José Ignacio para  solicitarle cotización para realizar  el trofeo, de diseño creado por el arquitecto Rafael Bueno.
“Creo en el turismo. Ese trofeo lo hago gratis”, fue su respuesta cuando se le pidió que lo plasmara en bronce  el trofeo, desde 2007, cuando el mismo trajo e su carro los primeros diez, desde La Romana al Hotel El Embajador, entregándonos a nosotros, 30 minutos antes de iniciar el ceremonial  de gala del Premio PEL, los 10 primeros trofeos de aquella memorable ceremonia de gala, auspiciada por Occidental Hoteles y el Ministerio de Turismo.

Pero el trofeo del Premio PEL de ADOMPRETUR, fue solo una muestra de su actitud de entrega social, porque su aporte básico fue el de capacitar para la producción y el emprendimiento a cientos de jóvenes empobrecidos, que recibieron en sus talleres de La Romana y la Escuela Libre de la Fundación El Artístico, apoyada por el Ministerio de Cultura.

Morales tuvo en 1976, su primer gran proyecto de trabajo, convocado por el diseñador italiano Roberto Coppa, para colaborar en el montaje de Altos de Chavón, labor  lo que le otorga un prestigio creciente, tanto como para para ser contratado  por posteriormente por Emilio y Gloria Estefan, Oscar de la Renta, Julio Iglesias, Dominic Bluhdorn, Ariela Storniolo, Danilo y Tony Claro, Familia Menéndez, Haward Parnes, Familia Azqueta Fanjul, Lima, Arteaga, Morales, Bren Simón y  Mica Stergun, además de buena parte de los hoteles de cadenas nacionales e internacionales: Casa de Campo, Altos de Chavón, Hoteles Riú,  Hotel Hodelpa, Hotel LTI y Hotel Dominicus, entre otros.
Sus obras siguen a la entrada, los parques y  las avenidas de los pueblos. Cuando fue robada la Cruz del Seybo, El artístico dono una cruz enorme forjada en hierro, que hoy es un atractivo turístico de la comunidad, junto al  mabí local y los dulces de Tula.
Uno de sus más públicos, el Reloj Escultórico del bulevar de la Avenida 27 de febrero, inaugurada el  29 de maro de 1999, es de 30 metros y pesa aproximadamente 50 toneladas, levantado en  acero, bronce y cobre y hoy día en un estado que es toda una vergüenza por la  irresponsable falta de mantenimiento. He ahí una tarea pendiente para honrar su nombre y su obra.

Por Jose Rafael Sosa

Periodista, escritor dominicano y origamista