Fernando Castillo

Cuando se vive una aventura lectora tan maravillosa, cuando empiezas a leer y no quieres llegar al final del libro, no por no saber el final, sino para no sentir que terminó la aventura; cuando en medio de la lectura, sales de tu casa y estás loco por volver porque el libro te espera; cuando lo vivido ahora te recuerda aquella pasión lectora que disfrutaste en tus vacaciones entre el 3ro. y 4to. del bachillerato, al caer en tus manos «Cien Años de Soledad», de Gabriel García Márquez, que cambió para siempre tu vida, haciéndote aficionado a la lectura; cuando todo eso pasa, como me acaba de suceder con «Charamicos», la novela de Ángela Hernández (Angelita).

Es la novela que ha publicado el Archivo General de la Nación,con una escritura  tan buena, tan acertada que desde el punto de vista de lo que cuenta y desde el punto de vista de los recursos del lenguaje y la literatura utilizados,  debes reconocer haber quedado apabullado de tanta calidad, de tanto placer y de tanto orgullo, de compartir origen geográfico con la autora (somos ambos de BuenaVista, Jarabacoa ).

Charamicos es una novela histórica, en la cual se alternan dos narradoras (narración también se alterna en primera y en tercera persona).

Los hechos históricos se presentan con los recursos literarios necesarios para no dejar de decir lo que pudiera incomodar, para desmitificar hechos y personas, acercando a los héroes a su humanidad y a la vez haciendo una crítica abierta a esa educación que oculta, calla, retuerce, tergiversa… Que las narradoras y los personajes principales de la novela sean mujeres no es fortuito. Son un excelente e inteligente recurso de reivindicación, para hacer visible el papel de la mujer en la historia y en la sociedad, que acompañado de la evidencia del machismo presente en otros personajes, hace la perfecta descripción de la sociedad narrada.

Los 12 años de Balaguer, los grupos estudiantiles de la época, sus luchas internas y sus luchas contra el régimen, la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la llegada de Caamaño y sus ocho compañeros a Playa Caracoles y hasta nuestro Johnny Ventura y su participación en «7 días con el Pueblo», en fin, todo eso y las vidas de Trinidad y de Ercira, tanto en los escenarios de sus respectivos campos como en la capital, en la Universidad, como en la cárcel, son narrados de manera alterna logrando un dinamismo y consiguiendo un interés permanente del lector/a.

Cada personaje está tan bien construido, tan bien definido que su propio lenguaje lo define. Como no hay tabúes con la lengua, cada personaje utiliza el lenguaje de su alcance, de su idiosincrasia y de las circunstancias que lo rodean, eso también provoca el humor y la sonrisa de manera natural.

Un humor construido con delicadeza de orfebre, como para que no estorbe, pero se disfrute.

Un lenguaje desnudo, como la miseria que describe, y por eso mismo produce una sensación de dolor por esa miseria y de sonrisa por la forma en que la gente la enfrenta.

Unos hechos muy bien hilvanados, en donde en una narración o en algún momento casi onírico de algún personaje, se incluye alguna frase de una canción, de un libro, de un poema, una película, etc., sin que se note forzado.

Más bien parecería que la frase incluida nació para ser parte de esta novela.

Todas las referencias a libros, películas y canciones son también un guiño cómplice al lector.

Tengo tantas cosas que decir de esta novela porque fue tan extraordinario lo que sentí, lo que viví que tuve que volver a releer varios capítulos, pero siento que me quedo muy corto, mis palabras no alcanzan a expresar todo lo vivido con esta lectura. Angelita.

¿Cómo puedes ser tan buena narradora, cómo puedes escribir y describir tan bien, cómo puedes ser tan inteligente, cómo puedes conseguir eso que solo los/as grandes escritores provocan, pasión por leerte?

Voy a terminar con una frase de uno de los personajes: «La universidad estatal no produce razonamiento, sino cazuelas de pasiones. No se reflexiona, se juzga». Dígame usted si no es eso lo que pasa en nuestra sociedad. Solo eche una ojeada a las redes sociales.

Señores, busquen y lean a Charamicos, me lo van a agradecer. Pero, sobre todo, van a hacer lo que ahora hago yo, agradecerle a mi querida Angelita por regalarnos tanto en un solo libro.

El autor es teatrista, natural de Jarabacoa

Por Jose Rafael Sosa

Periodista, escritor dominicano y origamista