Tingo, el musical , el gran hito temático y artístico

Tingó, el musical es el espectáculo más dominicano presentado hasta el momento, y probablemente el mejor logrado artísticamente.  Antonio Melenciano, actor, bailarín, coreógrafo y creador de contenidos argumentales para el escenario, puede ahora sentirse profundamente satisfecho. Y saberse ya, un ser capaz de todo propósito estético de consideración.

Su labor creativa y su compromiso personal con el montaje de  Tingó, el musical  evidencia que no teme a los grandes desafíos, que no se arredra ante la indolencia que, a veces parece ser guadaña de los creadores  y abre de par en par las puestas de un nuevo concepto en musicales: el que canta, baila y actúa a partir de una temática nacional. Ese es su principal aporte.

Sentir que la historia dominicana, desde la piel de una heroína que no todos reconocen, se hace digno espectáculo de alta factura técnica y artística en escenario, emanando un sabor, mezcla de trabajo con criterio, visión y perspectiva social que bendice con un tono local trascendente género escénico matizado por la notable incidencia de temas universales, v válidos, pero alejados de nuestro sentir nacional.

No es este el primer musical de tema dominicano. Hace ocho años, en 2010, acudimos al Teatro Nacional a presenciar, de inspiración suya, I Love RD una propuesta panorámica, casi turística, para disfrutar de la dominicanidad, espectáculo de un preciosismo radicado en el cotidiano vivir del país y sus valores tradicionales de cultura, buen vivir del dominicano

La idea de Tingó, el musical, fue concebida en 2011, y desde entonces comenzaron los primeros pasos que tardarían siete años para hacer  las pocas  funciones un fin de semana en Bellas Artes,  un proceso que ha concluido ahora con estas presentaciones, funciones a las que deberían buscarle un nuevo espacio  (tal vez en enero o febrero) para remontarla en Bellas Artes).  Siete años han pasado de un trayecto que a veces parecía espero incierto y despojado de las condiciones mínimas necesarias para hacerlo posible.

Actuaciones

Sin dudas que Lidia Ariza (Tingó), que cumple 45 años prodigando emociones del más variado tipo desde la escena, se erige como centro de atención. Tiene que cantar, bailar y actuar.  Se entrega por entero.  Deja en las tablas de Bellas Artes el registro de una actuación integral que solo verifico algunos fallos porque fue cargada con más solos en canciones, de los que debió haber sido. Ariza canta, pero no es su fuerte. Su experiencia actoral es de tal envergadura que cualquier fallo en un área que no es la propia, se entiende.

Pura Tayson, (Doña Niní) con su experiencia de soprano, es la voz de mayor peso, precisa y hermosa, pero al actuar y bailar, nos sorprende. Tiene el empuje y la gracia necesarias para sostener la caracterización de abuela que le ha tocado.

Jackson Delgado, (Jesús) estilizado bailarín infaltable, juega con eficacia y sentido de gracia, el rol asignado.

Omar Ramírez (Pablo Diaz) tiene un papel odioso y emotivamente rechazable, al encarnar al terrateniente responsable de la muerte de la heroína. El odio que logra generar en la gente que llena las butacas, muestra que ha sido efectiva.

Ana Javier (Tingó Joven) es una de esas figuras en las que radica el futuro de la danza moderna y. Su peso artístico se siente, se disfruta, se hace esencial y próxima al espectador, apoyada por una destreza física, un carisma que se transmite en su sonrisa que desde sus labios emana disfrute y paz, estableciendo un lazo de invisible complicidad que conecta con la platea. Tiene una sensitiva gracia en su imagen, precisión en sus parlamentos y expresividad corporal, rítmicamente disfrutada, son los signos que deja ver.  Es extraordinaria. Ella es prueba de que nuestra calidad para la danza está asegurada.

 

En el musical, las niñas Tingó, nos sorprenden por la gracia y la madurez con que se enfocan en sus roles, por la claridad con que manejan sus voces, por sus movimientos escénicos. Un reconocimiento que merecen: Amelie Martínez, Marianni Martínez, Abril Rodríguez, Leslie Green, Esther Mejía, Victoria Amancio y Jeyca Mejía.

Reyser Campusano, (Dora) nos conquista con su arrojo escénico, sus dones de bailarina extraordinaria, de  fuerza y gracia vital  en sus giros! Esa mujer, ella sola, es un espectáculo admirable y que demuestra hasta dónde puede llegar la pasión por el arte en escena.

El musical, lo que probablemente no se vea ni se diga ahora, es un hito en la historia del genero para la República Dominicana  y un logro de la persistencia y la búsqueda estética de la identidad nacional en un arte tan exigente  y difícil, como el musical.

Notable el aporte de Henry Cordero, en el ensamble de las voces. Uno de los hitos artísticos más destacados del trabajo, y que imprime  una sonoridad  a Tingó,  en el cual Pura Tyson, se luce como entrenadora vocal.

Otra zona de luz es su coreografía, responsabilidad de Yesseleny Marte, quien logró su propósito: movimientos de masa danzaría matizados por la sensualidad del Caribe,  el acento negro y sus  giros, ya  firmes y sorpresivos como  lentos y simbólicos, impecablemente ejecutados.  Si lo separa de su  mensaje social  y del emotivo martirologio, esa danza colectiva, vale por su expresividad plástica, en  cualquier escenario del mundo.

En lo técnico

Se disfruta un diseño de arte cuidado:  un diseño de luces sugerente y efectivo (Ernesto López), vestuario (Luisa Genao) que respeta la época y pone en lucimiento temporal a los personajes, y la escenografía de Noe Vásquez, operativa, con buen uso de sus contados recursos escenográficos, extendiendo efectividad de procesos a partir de elementos simples.

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Tras ver, sentir y disfrutar, sus talentos en el escenario del salón Máximo Avilés Blonda, del Palacio de Bellas Artes, tras ver aquellos cuerpos, ciertamente alejados del modelo imaginario que nos ha dejado como referencia la moda y el cine coloniales, tras ver cada uno de sus pasos y giros del baile en las tablas, tras escuchar sus parlamentos, dramatúrgicamente precisos, tras sentir el canto de esperanzas de justicia y de protesta contra la insaciable ambición de quienes lo tienen todo, entonces es cuando se concluye, que el país ha estado despreciando valiosos personajes y acontecimientos de su historia, para adentrarse con  acierto y alta calidad artística, en el mundo del musical, un género demandante, difícil y caro de producir.

 

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José Rafael Sosa periodista dominicano, editor, gestor cultural y escritor de literatura de soporte existencial y emocional a la gente , origami y comunicación masiva. Soy editor de Turismo y Cultura del diario El Nacional. Móvil: 809 858 6870. Correo: joserafael.sosa@gmail.com